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Composición de Mariví Rodríguez sobre una foto de Bill Hackwell. El edificio de la izquierda corresponde a la Corte donde fue resentenciado Tony Guerrero el 13 de octubre, a la derecha el edificio de la prisión donde esta encarcelado en estos momentos. La camisa es una pintura de Tony donde al pie de la misma se lee: Un día mi camisa de preso se quedará ahí colgada [NR]

Al Che no in memoriam

Tu piel ligada al hueso se perdió en la tierra.

La lágrima, el poema y el recuerdo
est
án labrando sobre el fuego
el canto de la muerte
con ametralladoras doradas desde ti.

Y aquí a cada noche se busca en tus libros
el prop
ósito justo de toda acción.

Y se abre tu memoria a todo aquel que renace,
pero nunca falta alguien que te alce en un altar

Y haga leyenda tu imagen formadora
y haga imposible el sue
ño de alcanzarte
y aprenda alguna de tus frases de memoria
para decir: "ser
é como él", sin conocerte

Y lo pregone sin pudor,
sin sue
ño, sin amor, sin fe

Y pierdan tus palabras sentido de respeto
hacia el hombre que nace cubierto de tu flor

Algún poeta dijo, y sería lo más justo,
desde hoy nuestro deber es defenderte
de ser Dios.

canción dedicada al Che.

Una canción necesaria
Vicente Feli
ú


En Homenaje al CHE

. . . de tu querida presencia

Comandante Che Guevara


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jueves, 7 de enero de 2010

Pasajes de la guerra revolucionaria . Ernesto Che Guevara

Pasajes de la guerra revolucionaria

Ernesto Che Guevara









Prólogo




Desde hace tiempo, estábamos pensando en cómo hacer una historia de nuestra Revolución que englobara todos sus múltiples aspectos y facetas; muchas veces los jefes de la misma manifestaron —privada o públicamente— sus deseos de hacer esta historia, pero los trabajos son múltiples, van pasando los años y el recuerdo de la lucha insurreccional se va disolviendo en el pasado sin que se fijen claramente los hechos que ya pertenecen, incluso, a la historia de América. Por ello, iniciamos una serie de recuerdos personales de los ataques, combates, escaramuzas y batallas en que intervinimos. No es nuestro propósito hacer solamente esta historia fragmentaria a través de remembranzas y algunas anotaciones; todo lo contrario, aspiramos a que se desarrolle el tema por cada uno de los que lo han vivido.

Nuestra limitación personal, al luchar en algún punto exacto y delimitado del mapa de Cuba durante toda la contienda, nos impidió participar en combates y acontecimientos de otros lugares; creemos que, para hacer asequible a todos los participantes en la gesta revolucionaria la tarea de narrarla y, al mismo tiempo, hacerlo ordenadamente, podemos empezar con el primer combate, o sea, el único en que participara Fidel que fuera adverso a nuestras armas: la sorpresa de Alegría de Pío.

Muchos sobrevivientes quedan de esta acción y cada uno de ellos está invitado a dejar también constancia de sus recuerdos para incorporarlos y completar mejor la historia. Sólo pedimos que sea estrictamente veraz el narrador; que nunca para aclarar una posición personal o magnificarla o para simular haber estado en algún lugar, diga algo incorrecto. Pedimos que, después de escribir algunas cuartillas en la forma en que cada uno lo pueda, según su educación y su disposición, se haga una autocrítica lo más seria posible para quitar de allí toda palabra que no se refiera a un hecho estrictamente cierto, o en cuya certeza no tenga el autor una plena confianza. Por otra parte, con ese ánimo empezamos nuestros recuerdos.

Una revolución que comienza

La historia de la agresión militar que se consumó el 10 de marzo de 1952 —golpe incruento dirigido por Fulgencio Batista— no empieza, naturalmente, el mismo día del cuartelazo. Sus antecedentes habría que buscarlos muy atrás en la historia de Cuba: mucho más atrás que la intervención del embajador norteamericano Summer Welles, en el año 1933; más atrás aún que la Enmienda Platt, del año 1901; más atrás que el desembarco del héroe Narciso López, enviado directo de los anexionista norteamericanos, hasta llegar a la raíz del tema en los tiempos de John Quincy Adams, quien a principios del siglo dieciocho enunció la constante de la política de su país respecto a Cuba: una manzana que, desgajada de España, debía caer fatalmente en manos del Uncle Sam. Son eslabones de una larga cadena de agresiones continentales que no se ejercen solamente sobre Cuba.

Esta marea, este fluir y refluir del oleaje imperial, se marca por las caídas de gobiernos democráticos o por el surgimiento de nuevos gobiernos ante el empuje incontenible de las multitudes. La historia tiene características parecidas en toda América Latina: los gobiernos dictatoriales representan una pequeña minoría y suben por un golpe de estado; los gobiernos democráticos de amplia base popular ascienden laboriosamente y, muchas veces, antes de asumir el poder, ya están estigmatizados por la serie de concesiones previas que han debido hacer para mantenerse. Y, aunque la Revolución cubana marca, en ese sentido, una excepción en toda América, era preciso señalar los antecedentes de todo este proceso, pues el que esto escribe, llevado y traído por las olas de los movimientos sociales que convulsionan a América, tuvo oportunidad de conocer, debido a estas causas, a otro exilado americano: a Fidel Castro.

Lo conocí en una de esas frías noches de México, y recuerdo que nuestra primera discusión versó sobre política internacional. A las pocas horas de la misma noche —en la madrugada— era yo uno de los futuros expedicionarios. Pero me interesa aclarar cómo y por qué conocí en México al actual Jefe del Gobierno en Cuba. Fue en el reflujo de los gobiernos democráticos en 1954, cuando la última democracia revolucionaria americana que se mantenía en pie en esta área —la de Jacobo Arbenz Guzmán— sucumbía ante la agresión meditada, fría, llevada a cabo por los Estados Unidos de Norteamérica tras la cortina de humo de su propaganda continental. Su cabeza visible era el Secretario de Estado, Foster Dulles, que por rara coincidencia también era abogado y accionista de United Fruit Company, la principal empresa imperialista existente en Guatemala.

De allí regresaba uno en derrota, unido por el dolor a todos los guatemaltecos, esperando, buscando la forma de rehacer un porvenir para aquella patria angustiada. Y Fidel venía a México a buscar un terreno neutral donde preparar a sus hombres para el gran impulso. Ya se había producido una escisión interna, luego del asalto al cuartel Moncada, en Santiago de Cuba, separándose todos los de ánimo flojo, todos los que por uno u otro motivo se incorporaron a partidos políticos o grupos revolucionarios, que exigían menos sacrificio. Ya las nuevas promociones ingresaban en las flamantes filas del llamado “Movimiento 26 de Julio”, fecha que marcaba el ataque al cuartel Moncada, en 1953. Empezaba una tarea durísima para los encargados de adiestrar a esa gente, en medio de la clandestinidad imprescindible en México, luchando contra el gobierno mexicano, contra los agentes del FBI norteamericano y los de Batista, contra estas tres combinaciones que se conjugaban de una u otra manera, y donde mucho intervenía el dinero y la venta personal. Además, había que luchar contra los espías de Trujillo, contra la mala selección hecha del material humano —sobre todo en Miami— y, después de vencer todas estas dificultades, debíamos lograr algo importantísimo: salir... y, luego... llegar, y lo demás que, en ese momento, nos parecía difícil. Hoy aquilatamos lo que aquello costó en esfuerzos, en sacrificios y vidas.

Fidel Castro, auxiliado por un pequeño equipo de íntimos, se dio con toda su vocación y su extraordinario espíritu de trabajo a la tarea de organizar las huestes armadas que saldrían hacia Cuba. Casi nunca dio clases de táctica militar, porque el tiempo le resultaba corto para ello. Los demás pudimos aprender bastante con el general Alberto Bayo. Mi impresión casi instantánea, al escuchar las primeras clases, fue la posibilidad de triunfo que veía muy dudosa al enrolarme con el comandante rebelde, al cual me ligaba, desde el principio, un lazo de romántica simpatía aventurera y la consideración de que valía la pena morir en una playa extranjera por un ideal tan puro.

Así fueron pasando varios meses. Nuestra puntería empezó a perfilarse y salieron los maestros tiradores. Hallamos un rancho en México, donde bajo la dirección del general Bayo —estando yo como jefe de personal— se hizo el último apronte, para salir en marzo de 1956. Sin embargo, en esos días dos cuerpos policíacos mexicanos, ambos pagados por Batista, estaban a la caza de Fidel Castro, y uno de ellos tuvo la buenaventura económica de detenerle, cometiendo el absurdo error —también económico— de no matarlo, después de hacerlo prisionero. Muchos de sus seguidores cayeron en pocos días más; también cayó en poder de la policía nuestro rancho, situado en las afueras de la ciudad de México y fuimos todos a la cárcel.

Aquello demoró el inicio de la última parte de la primera etapa. Hubo quienes estuvieron en prisión cincuenta y siete días, contados uno a uno, con la amenaza perenne de la extradición sobre nuestras cabezas (somos testigos el comandante Calixto García y yo). Pero, en ningún momento perdimos nuestra confianza personal en Fidel Castro. Y es que Fidel tuvo algunos gestos que, casi podríamos decir, comprometían su actitud revolucionaria en pro de la amistad. Recuerdo que le expuse específicamente mi caso: un extranjero, ilegal en México, con toda una serie de cargos encima. Le dije que no debía de manera alguna pararse por mi la revolución, y que podía dejarme; que yo comprendía la situación y que trataría de ir a pelear desde donde me lo mandaran y que el único esfuerzo debía hacerse para que me enviaran a un país cercano y no a la Argentina. También recuerdo la respuesta tajante de Fidel: “Yo no te abandono”. Y así fue, porque hubo que distraer tiempo y dinero preciosos para sacarnos de la cárcel mexicana. Esas actitudes personales de Fidel con la gente que aprecia son la clave del fanatismo que crea a su alrededor, donde se suma a una adhesión de principios, una personal, que hace de este Ejército Rebelde un bloque indivisible.

Pasaron los días, trabajando en la clandestinidad, escondiéndonos donde podíamos, rehuyendo en lo posible toda presencia pública, casi sin salir a la calle. Pasados unos meses, nos enteramos de que había un traidor en nuestras filas, cuyo nombre no conocíamos, y que había vendido un cargamento de armas. Sabíamos también que había vendido el yate y un transmisor, aunque todavía no estaba hecho el «contrato legal» de la venta. Esta primera entrega sirvió para demostrar a las autoridades cubanas que, efectivamente, el traidor conocía nuestras interioridades. Fue también lo que nos salvó, al demostrarnos lo mismo.

Una actividad febril hubo de ser desarrollada a partir de ese momento: el Granma fue acondicionado a una velocidad extraordinaria; se amontonaron cuantas vituallas conseguimos, bien pocas por cierto, y uniformes, rifles, equipos, dos fusiles antitanques casi sin balas. En fin, el 25 de noviembre de 1956, a las dos de la madrugada, empezaban a hacerse realidad las frases de Fidel, que habían servido de mofa a la prensa oficialista: “En el año 1956 seremos libres o seremos mártires”.

Salimos, con las luces apagadas, del puerto de Tuxpan en medio de un hacinamiento infernal de materiales de toda clase y de hombres. Teníamos muy mal tiempo y, aunque la navegación estaba prohibida, el estuario del río se mantenía tranquilo. Cruzamos la boca del puerto yucateco, y a poco más, se encendieron las luces. Empezamos la búsqueda frenética de los antihistamínicos contra el mareo, que no aparecían; se cantaron los himnos nacional cubano y del 26 de Julio, quizá durante cinco minutos en total, y después el barco entero presentaba un aspecto ridículamente trágico: hombres con la angustia reflejada en el rostro, agarrándose el estómago. Unos con la cabeza metida dentro de un cubo y otros tumbados en las más extrañas posiciones, inmóviles y con las ropas sucias por el vómito. Salvo dos o tres marinos y cuatro o cinco personas más, el resto de los ochenta y tres tripulantes se marearon. Pero al cuarto o quinto día el panorama general se alivió un poco. Descubrimos que la vía de agua que tenía el barco no era tal, sino una llave de los servicios sanitarios abierta. Ya habíamos botado todo lo innecesario, para aligerar el lastre.

La ruta elegida comprendía una vuelta grande por el sur de Cuba, bordeando Jamaica, las islas del Gran Caimán, hasta el desembarco en algún lugar cercano al pueblo de Niquero, en la provincia de Oriente. Los planes se cumplían con bastante lentitud: el día 30 oímos por radio la noticia de los motines de Santiago de Cuba que había provocado nuestro gran Frank País, considerando sincronizarlos con el arribo de la expedición. Al día siguiente, primero de diciembre, en la noche, poníamos la proa en línea recta hacia Cuba, buscando desesperadamente el faro de Cabo Cruz, carentes de agua, petróleo y comida. A las dos de la madrugada, con una noche negra, de temporal, la situación era inquietante. Iban y venían los vigías buscando la estela de luz que no aparecía en el horizonte. Roque, ex teniente de la marina de guerra, subió una vez más al pequeño puente superior, para atisbar la luz del Cabo, y perdió pie, cayendo al agua. Al rato de reiniciada la marcha, ya veíamos la luz, pero, el asmático caminar de nuestra lancha hizo interminables las últimas horas del viaje. Ya de día arribamos a Cuba por el lugar conocido por Belic, en la playa de Las Coloradas.

Un barco de cabotaje nos vio, comunicando telegráficamente el hallazgo al ejército de Batista. Apenas bajamos, con toda premura y llevando lo imprescindible, nos introducimos en la ciénaga, cuando fuimos atacados por la aviación enemiga. Naturalmente, caminando por los pantanos cubiertos de manglares no éramos vistos ni hostilizados por la aviación, pero ya el ejército de la dictadura andaba sobre nuestros pasos. Tardamos varias horas en salir de la ciénaga, a donde la impericia e irresponsabilidad de un compañero que se dijo conocedor nos arrojara. Quedamos en tierra firme, a la deriva, dando traspiés, constituyendo un ejército de sombras, de fantasmas, que caminaban como siguiendo el impulso de algún oscuro mecanismo psíquico. Habían sido siete días de hambre y de mareos continuos durante la travesía, sumados a tres días más, terribles, en tierra. A los diez días exactos de la salida de México, el 5 de diciembre de madrugada, después de una marcha nocturna interrumpida por los desmayos y las fatigas y los descansos de la tropa, alcanzamos un punto conocido paradójicamente por el nombre de Alegría de Pío. Era un pequeño cayo de monte, ladeando un cañaveral por un costado y por otros abierto a unas abras, iniciándose más lejos el bosque cerrado. El lugar era mal elegido para campamento pero hicimos un alto para pasar el día y reiniciar la marcha en la noche inmediata.

[…] Adquiriendo el temple

Los meses de marzo y abril de 1957 fueron de reestructuración y aprendizaje para las tropas rebeldes. Después de recibido el refuerzo al partir del lugar denominado La Derecha, nuestro ejército tenía unos 80 hombres y estaba formado así:

La vanguardia, dirigida por Camilo, tenía cuatro hombres. El pelotón siguiente lo llevaba Raúl Castro y tenía tres tenientes con una escuadra cada uno; eran éstos, Julito Díaz, Ramiro Valdés y Nano Díaz. Estos dos compañeros, Díaz de apellido, que murieron heroicamente en El Uvero, no tenían ningún parentesco entre sí. Uno de ellos era natural de Santiago; la refinería Hermanos Díaz, en esa ciudad, se honra con ese nombre en recuerdo de Nano y otro hermano que cayera en Santiago de Cuba. El otro, un compañero de Artemisa, veterano del Granma y del Moncada, que cumplió su último deber en el ataque a Uvero. Con Jorge Sotús, capitán a la sazón, iban de tenientes Ciro Frías, muerto luego en el frente Frank País; Guillermo García, Jefe del Ejército de Occidente en la actualidad y René Ramos Latour, muerto con el grado de comandante en la Sierra Maestra. Después venía el Estado Mayor o Comandancia, que estaba integrada por Fidel, Comandante en Jefe; Ciro Redondo; Manuel Fajardo, hoy comandante del Ejército; el guajiro Crespo, comandante; Universo Sánchez, hoy comandante y yo, como médico.

El pelotón que habitualmente seguía, en la marcha lineal de la columna, era el de Almeida, capitán en esa época cuyos tenientes eran Hermo, Guillermo Domínguez, muerto en Pino del Agua, y Peña. Efigenio Ameijeiras, con el grado de teniente, con tres hombres, cerraban la marcha y hacían la retaguardia.

La gente empezaba a aprender a cocinar por escuadras, pues nuestro grupo combativo era de esa dimensión, de tal modo que se distribuían los alimentos, la medicina y el parque, en esa forma. Más a menos en todas las escuadras, y, en todo caso, en todos los pelotones, había veteranos que enseñaban a los nuevos el arte de cocinar, de sacarle el máximo provecho a los alimentos; el arte de acondicionar mochilas y la forma de caminar en la Sierra.

El camino entre la zona de La Derecha, del Lomón y Uvero puede hacerse en algunas horas de automóvil, pero para nosotros significó meses de camino lento, con precauciones, llevando la misión fundamental de preparar a la gente para los combates y la vida posterior. Fue así como pasamos nuevamente por Altos de Espinosa, donde los viejos hicimos una guardia de honor ante la tumba de Julio Zenón, caído algún tiempo antes. Allí encontré un pedazo de mi frazada, todavía prendido en las zarzas como recuerdo de la «retirada estratégica» a toda velocidad. Lo metí en mi mochila, haciéndome la firme proposición de no perder nunca más un equipo en esa forma.

Se me fió un nuevo compañero —Paulino se llamaba— como ayudante para cargar las medicinas, de tal manera que mi tarea estaba un poco aliviada y podía dedicarme durante algunos minutos en el día, después de las caminatas, a atender la salud de nuestra tropa. Volvimos a pasar por la Loma de Caracas, donde tan desagradable encuentro habíamos tenido con la aviación enemiga gracias a la traición de Guerra y encontramos un fusil de aquellos que sobraban y que algún soldado nuestro dejara en la retirada para marcharse mejor. Ya no le sobraban fusiles a la tropa; al contrario, le faltaban. Estábamos en una nueva época. Se había producido un cambio cualitativo; había toda una zona donde el ejército enemigo trataba de no incursionar para no topar con nosotros, aunque es cierto que nosotros tampoco demostrábamos todavía mucho interés en chocar con ellos. La situación política por aquellos momentos estaba llena de matices de oportunismo. Los conocidos vozarrones de Pardo Llada, Conte Agüero y otras auras de la misma calaña, abundaban en exabruptos demagógicos, llamando a la concordia y a la paz y, tímidamente, criticando al gobierno. Había hablado el gobierno de paz; el nuevo primer Ministro, Rivero Agüero, manifestaba que iría, si fuera necesario, a la Sierra Maestra para lograr pacificar el país. Sin embargo, pocos días después, Batista manifestó que no era necesario hablar con Fidel o con los alzados; que Fidel Castro no estaba en la Sierra, decía, y que allí no había nadie; por lo tanto, no había por qué hablar «con un grupo de forajidos».

Así se manifestaba por la parte batistiana la voluntad de seguir la lucha, única cosa en que nos poníamos fácilmente de acuerdo, pues también era nuestra decisión la de continuarla a todo trance. En esos días nombraban Jefe de Operaciones al coronel Barrera, muy conocido por su gula para con las raciones de los soldados, el que después viera extinguirse el fenómeno batistiano tranquilamente, desde Caracas, la capital de Venezuela, donde era agregado militar.

Teníamos por aquel momento unas figuras simpáticas que sirvieron para la propaganda, casi comercial, de nuestro movimiento, en los Estados Unidos, y que nos trajeron, dos de ellos sobre todo, algunos inconvenientes. Eran los tres muchachos yanquis escapados a sus padres de la Base Naval de Guantánamo, que se habían incorporado a la lucha. Dos de ellos nunca oyeron un tiro en la Sierra y, agotados por el clima y las privaciones, bastante grandes, se retiraron llevados por el periodista Bob Taber. El otro participó en la batalla de Uvero y después se retiró también, enfermo, pero actuó en un combate. Los muchachos, ideológicamente, no estaban preparados para una revolución y, simplemente, saciaron su afán de aventuras en nuestra compañía durante algunos meses. Los vimos ir con afecto, pero también con alegría. Sobre todo yo, personalmente, pues en mi calidad de médico caían frecuentemente sobre mis espaldas debido a que no aguantaban los rigores de la vida de aquella época.

En aquellos mismos días, el gobierno paseó, en un avión del ejército, a varios miles de metros de altura, a los periodistas, demostrándoles que no había nadie en la Sierra Maestra. Fue una curiosa operación que no convenció a nadie y una demostración de la forma que utilizaba el gobierno batistiano para engañar a la opinión pública con la ayuda de todos los Conte Agüero disfrazados de revolucionarios que hablaban cotidianamente, engañando al pueblo. Durante estos días de prueba, a mí me llegó por fin la oportunidad de una hamaca de lona. La hamaca es un bien preciado que no había conseguido antes por la rigurosa ley de la guerrilla que establecía dar las de lona a los que ya se habían hecho su hamaca de saco, para combatir la haraganería. Todo el mundo podía hacerse una hamaca de saco, y, el tenerla, le daba derecho a adquirir la próxima de lona que viniera. Sin embargo, no podía yo usar la hamaca de saco debido a mi afección alérgica; la pelusa me afectaba mucho y me veía obligado a dormir en el suelo. Al no tener la de saco, no me correspondía la de lona. Estos pequeños actos cotidianos son la parte de la tragedia individual de cada guerrilla y de su uso exclusivo; pero Fidel se dio cuenta y rompió el orden para adjudicarme una hamaca. Siempre me acuerdo que fue en las orillas del río La Plata, subiendo ya las últimas estribaciones para llegar a Palma Mocha y un día después de comer nuestro primer caballo.

El caballo fue más que un alimento de lujo, especie de prueba de fuego de la capacidad de adaptación de la gente. Los guajiros de nuestra guerrilla, indignados, se negaron a comer su ración de caballo, y algunos consideraban casi un asesino a Manuel Fajardo, cuyo oficio en la paz, matarife, era utilizado en acontecimientos como este cuando sacrificó el primer animal.

Este primer caballo perteneció a un campesino llamado Popa, del otro lado del río La Plata. Popa debe ya saber leer, después de esta campaña de alfabetización, y podrá entonces, si llega a sus manos la revista Verde Olivo, recordar aquella noche en que tres guerrilleros patibularios golpearon las puertas de su bohío, lo confundieron además, injustamente, con un chivato y le quitaron aquel caballo viejo, con grandes mataduras en el lomo, que fuera nuestra pitanza horas después y cuya carne constituyera un manjar exquisito para algunos y una prueba para los estómagos prejuiciados de los campesinos, que creían estar cometiendo un acto de canibalismo, mientras masticaban al viejo amigo del hombre.

Una entrevista famosa

A mediados de abril de 1957, volvíamos con nuestro ejército en entrenamiento a las regiones de Palma Mocha, en la vecindad del Turquino. Por aquella época nuestros hombres más valiosos para la lucha en la montaña eran los de extracción campesina.

Guillermo García y Ciro Frías, con patrullas de campesinos, iban y venían de uno a otro lugar de la Sierra, trayendo noticias, haciendo exploraciones, consiguiendo alimentos; en fin, constituían las verdaderas vanguardias móviles de nuestra columna. Por aquellos días, estábamos nuevamente en la zona del Arroyo del Infierno, testigo de uno de nuestros combates y los campesinos que venían a saludarnos nos enteraban de toda la tragedia ocurrida anteriormente; de quien había sido el hombre que había llevado directamente los guardias a presencia nuestra, de los muertos que había; en fin, los campesinos duchos en el arte de traspasar la noticia oral, nos informaban ampliamente de toda la vida de la zona.

Fidel, que en esos momentos estaba sin radio, pidió uno a un campesino de la zona que se lo cedió, y así podíamos escuchar, en un radio grande transportado en la mochila de un combatiente, las noticias directas de La Habana. Se volvía a hablar más claramente por radio dado el restablecimiento de las llamadas garantías.

Guillermo García con un atuendo tremendo de cabo del ejército batistiano y dos compañeros disfrazados de soldados, fueron a buscar al chivato que guiara al ejército enemigo, “de orden del Coronel” y con él volvieron al día siguiente. El hombre había venido engañado, pero cuando vio el ejército andrajoso ya supo lo que le esperaba. Con gran cinismo nos contó todo lo relativo a sus relaciones con el ejército y cómo le había dicho al “cabrón de Casillas”, según sus palabras, que él podía agarrarnos perfectamente y que llevaba al ejército donde estábamos, pues ya nos había espiado; sin embargo, no le hicieron caso.

Un día de aquellos, en una de aquellas lomas, murió el chivato y en un firme de la Maestra quedó enterrado. En esos días, llegó un mensaje de Celia donde hacía el anuncio de que vendría con dos periodistas norteamericanos para hacer una entrevista a Fidel, con el pretexto de los gringuitos. Y además, enviaba algún dinero recogido entre los simpatizantes del Movimiento.

Se resolvió que Lalo Sardiñas trajera a los norteamericanos por la zona de Estrada Palma, que conocía bien como antiguo comerciante de la zona. En esos momentos nosotros dedicábamos nuestro tiempo a la tarea de hacer contacto con campesinos que sirvieran de enlace y que pudieran mantener campamentos permanentes, donde se pudieran crear centros de contacto con la zona que ya se estaba agrandando; así íbamos localizando las casas que servían de abastecimiento a nuestras tropas, y allí instalábamos los almacenes de donde se trasladaban los abastecimientos según nuestros requerimientos. Estos lugares servían también de postas para las rápidas diligencias humanas que se trasladaban por el filo de la Maestra de un lugar a otro de la Sierra.

Los caminadores de la Sierra demuestran una capacidad extraordinaria para cubrir distancias larguísimas en poco tiempo y de ahí que, constantemente, nos viéramos engañados por sus afirmaciones, allí a media hora de camino, “al cantío de un gallo”, como se ha caricaturizado en general este tipo de información que casi siempre para los guajiros resulta exacta, aunque sus nociones sobre el reloj y lo que es una hora no tiene mayor parecido con la del hombre de la ciudad.

Tres días después de la orden dada a Lalo Sardiñas, llegaron noticias de que venían subiendo seis personas por la zona de Santo Domingo; estas personas eran dos mujeres, dos gringos, los periodistas, y dos acompañantes que no se sabía quiénes eran; sin embargo, los datos que llegaban eran contradictorios, se decía que los guardias habían tenido noticias de su presencia por un chivato y que habían rodeado la casa donde estaban. Las noticias van y vienen con una extraordinaria rapidez en la Sierra, pero se deforman también. Camilo salió con un pelotón con orden de liberar de todas maneras a los norteamericanos y a Celia Sánchez, que sabíamos venía en el grupo. Llegaron, sin embargo, sanos y salvos; la falsa alarma se debió a un movimiento de guardias provocado por una denuncia que en aquella época era fácil que se produjera por parte de los campesinos atrasados.

El día 23 de abril, el periodista Bob Taber, y un camarógrafo llegaban a nuestra presencia; junto a ellos venían las compañeras Celia Sánchez y Haydée Santamaría y los enviados del Movimiento en el llano, Marcos o Nicaragua, el comandante Iglesias, hoy gobernador de Las Villas y en aquella época encargado de acción en Santiago y Marcelo Fernández, que fue coordinador del Movimiento y actualmente vicepresidente del Banco Nacional, como intérprete por sus conocimientos del inglés.

Aquellos días se pasaron protocolarmente tratando de demostrar a los norteamericanos nuestra fuerza y tratando de eludir cualquier pregunta demasiado indiscreta; no sabíamos quiénes eran los periodistas; sin embargo, se realizaron las entrevistas con los tres norteamericanos que respondieron muy bien a todas las preguntas según el nuevo espíritu que habían desarrollado en esa vida primitiva a nuestro lado, aún cuando no pudieran aclimatarse a ella y no tenían nada de común con nosotros.

En aquellos días se incorporó también uno de los más simpáticos y queridos personajes de nuestra guerra revolucionaria, El Vaquerito. El Vaquerito, junto con otro compañero, nos encontró un día y manifestó estar más de un mes buscándonos, dijo ser camagüeyano, de Morón, y nosotros, como siempre se hacía en estos casos, procedimos a su interrogatorio y a darle un rudimento de orientación política, tarea que frecuentemente me tocaba. El Vaquerito no tenía ninguna idea política ni parecía ser otra cosa que un muchacho alegre y sano, que veía todo esto como una maravillosa aventura. Venía descalzo y Celia Sánchez le prestó unos zapatos que le sobraban, de manufactura o de tipo mexicano, grabados. Estos eran los únicos zapatos que le servían a El Vaquerito dada su pequeña estatura. Con los nuevos zapatos y un gran sombrero de guajiro, parecía un vaquero mexicano y de allí nació el nombre de El Vaquerito.

Como es bien sabido El Vaquerito no pudo ver el final de la lucha revolucionaria, pues siendo jefe del pelotón suicida de la columna 8, murió un día antes de la toma de Santa Clara. De su vida entre nosotros recordamos todos su extraordinaria alegría, su jovialidad ininterrumpida y la forma extraña y novelesca que tenía de afrontar el peligro. El Vaquerito era extraordinariamente mentiroso, quizás nunca había sostenido una conversación donde no adornara tanto la verdad que era prácticamente irreconocible, pero en sus actividades, ya fuera como mensajero en los primeros tiempos, como soldado después, o jefe del pelotón suicida, El Vaquerito demostraba que la realidad y la fantasía para él no tenían fronteras determinadas y los mismos hechos que su mente ágil inventaba, los realizaba en el campo de combate; su arrojo extremo se había convertido en tema de leyenda cuando llegó el final de toda aquella epopeya que él no pudo ver.

Una vez se me ocurrió interrogar a El Vaquerito después de una de las sesiones nocturnas de lectura que teníamos en la columna, tiempo después de incorporado a ella; El Vaquerito empezó a contar su vida y como quien no quiere la cosa nosotros a hacer cuentas con un lápiz. Cuando acabó, después de muchas anécdotas chispeantes le preguntamos cuántos años tenía. El Vaquerito en aquella época tenía poco más de 20 años, pero del cálculo de todas sus hazañas y trabajos se desprendía que había comenzado a trabajar cinco años antes de nacer.

El compañero Nicaragua traía noticias de más armas existentes en Santiago, remanentes del asalto a Palacio. 10 ametralladoras, 11 fusiles Johnson y 6 mosquetones, según declaraba. Había algunas más pero se pensaba establecer otro frente en la zona del Central Miranda. Fidel se oponía a esta idea y sólo les permitió algunas armas para este segundo frente, dando órdenes que todas las posibles subieran a reforzar el nuestro. Seguimos la marcha, para alejarnos de la incómoda compañía de unos guardias que merodeaban cerca, pero antes decidimos subir al Turquino, era una operación casi mística ésta de subir nuestro pico máximo y por otra parte estábamos ya por toda la cresta de la Maestra muy cerca de su cumbre.

El Pico Turquino fue subido por toda la columna y allí arriba finalizó la entrevista que Bob Taber hiciera al Movimiento, preparando una película que fue televisada en los Estados Unidos cuando no éramos tan temidos. (Un hecho ilustrativo: un guajiro que se nos unió, manifestó que Casillas le había ofrecido $300 y una vaca parida si mataba a Fidel.) No eran los norteamericanos solos los equivocados sobre el precio de nuestro máximo dirigente.

Según un altímetro de campaña que llevábamos con nosotros, el Turquino tenía 1.850 metros sobre el nivel del mar; lo apunto como dato curioso, pues nunca comprobamos este aparato; pero, sin embargo, al nivel del mar trabajaba bien y esta cifra de la altura del Turquino difiere bastante de las dadas por los textos oficiales.

Como una compañía del ejército continuaba tras nuestras huellas, Guillermo fue enviado con un grupo de compañeros a tirotearla; dado mi estado asmático que me obligaba a caminar a la cola de la columna y no permitía esfuerzos extra se me quitó la ametralladora que portaba, la Thompson, ya que yo no podía ir al tiroteo. Como tres días tardaron en devolvérmela y fueron de los más amargos que pasé en la Sierra, encontrándome desarmado cuando todos los días podíamos tener encuentros con los guardias.

Por aquellos días, mayo de 1957, dos de los norteamericanos abandonaron la columna con el periodista Bob Taber, que había acabado su reportaje, y llegaron sanos y salvos a Guantánamo. Nosotros seguimos nuestro lento camino por la cresta de la Maestra o sus laderas; haciendo contactos, explorando nuevas regiones y difundiendo la llama revolucionaria y la leyenda de nuestra tropa de barbudos por otras regiones de la Sierra. El nuevo espíritu se comunicaba a la Maestra. Los campesinos venían sin tanto temor a saludarnos y nosotros no temíamos la presencia campesina, puesto que nuestra fuerza relativa había aumentado considerablemente y nos sentíamos más seguros contra cualquier sorpresa del ejército batistiano y más amigos de nuestros guajiros.

[…] La ofensiva final. La batalla de Santa Clara

El 9 de abril fue un sonado fracaso que en ningún momento puso en peligro la estabilidad del régimen. No tan sólo eso: después de esta fecha trágica, el gobierno pudo sacar tropas e ir poniéndolas gradualmente en Oriente y llevando a la Sierra Maestra la destrucción. Nuestra defensa tuvo que hacerse cada vez más dentro de la Sierra Maestra, y el gobierno seguía aumentando el número de regimientos que colocaba frente a posiciones nuestras, hasta llegar al número de diez mil hombres, con los que inicio la ofensiva el 25 de mayo, en el pueblo de Las Mercedes, que era nuestra posición avanzada.

Allí se demostró la poca efectividad combatiente del ejército batistiano y también nuestra escasez de recursos; 200 fusiles hábiles, para luchar contra 10.000 armas de todo tipo; era una enorme desventaja. Nuestros muchachos se batieron valientemente durante dos días, en una proporción de 1 contra 10 o 15; luchando, además, contra morteros, tanques y aviación, hasta que el pequeño grupo debió abandonar el poblado. Era comandado por el capitán Ángel Verdecia, que un mes más tarde moriría valerosamente en combate.

Ya por esa época, Fidel Castro había recibido una carta del traidor Eulogio Cantillo, quien, fiel a su actitud politiquera de saltimbanqui, como jefe de operaciones del enemigo, le escribía al jefe rebelde diciéndole que la ofensiva se realizaría de todas maneras, pero que cuidara “El Hombre” (Fidel) para esperar el resultado final. La ofensiva, efectivamente, siguió su curso y en los dos meses y medio de duro batallar, el enemigo perdió más de mil hombres entre muertos, heridos, prisioneros y desertores. Dejó en nuestras manos seiscientas armas, entre las que contaban un tanque, doce morteros, doce ametralladoras de trípode, veintitantos fusiles ametralladoras y un sinnúmero de armas automáticas; además, enorme cantidad de parque y equipo de toda clase, y cuatrocientos cincuenta prisioneros, que fueron entregados a la Cruz Roja al finalizar la campaña.

El ejército batistiano salió con su espina dorsal rota, de esta postrera ofensiva sobre la Sierra Maestra, pero aún no estaba vencido. La lucha debía continuar. Se estableció entonces la estrategia final, atacando por tres puntos: Santiago de Cuba, sometido a un cerco elástico; Las Villas, a donde debía marchar yo; y Pinar del Río, en el otro extremo de la Isla, a donde debía marchar Camilo Cienfuegos, ahora comandante de la columna 2, llamada Antonio Maceo, para rememorar la histórica invasión del gran caudillo del 95, que cruzara en épicas jornadas todo el territorio de Cuba, hasta culminar en Mantua. Camilo Cienfuegos no pudo cumplir la segunda parte de su programa, pues los imperativos de la guerra le obligaron a permanecer en Las Villas.

Liquidados los regimientos que asaltaron la Sierra Maestra; vuelto el frente a su nivel natural y aumentadas nuestras tropas en efectivo y en moral, se decidió iniciar la marcha sobre Las Villas, provincia céntrica. En la orden militar dictada se me indicaba como principal labor estratégica, la de cortar sistemáticamente las comunicaciones entre ambos extremos de la Isla; se me ordenaba, además, establecer relaciones con todos los grupos políticos que hubiera en los macizos montañosos de esa región, y amplias facultades para gobernar militarmente la zona a mi cargo. Con esas instrucciones y pensando llegar en cuatro días, íbamos a iniciar la marcha, en camiones, el 30 de agosto de 1958, cuando un accidente fortuito interrumpió nuestros planes: esa noche llegaba una camioneta portando uniformes y la gasolina necesaria para los vehículos que ya estaban preparados cuando también llego por vía aérea un cargamento de armas a un aeropuerto cercano al camino. El avión fue localizado en el momento de aterrizar, a pesar de ser de noche, y el aeropuerto fue sistemáticamente bombardeado desde las veinte hasta las cinco de la mañana, hora en que quemamos el avión para evitar que cayera en poder del enemigo o siguiera el bombardeo diurno, con peores resultados. Las tropas enemigas avanzaron sobre el aeropuerto; interceptaron la camioneta con la gasolina, dejándonos a pie. Así fue como iniciamos la marcha el 31 de agosto, sin camiones ni caballos, esperando encontrarlos luego de cruzar la carretera de Manzanillo a Bayamo. Efectivamente, cruzándola encontramos los camiones, pero también —el día primero de septiembre— un feroz ciclón que inutilizó todas las vías de comunicación, salvo la carretera central, única pavimentada en esta región de Cuba, obligándonos a desechar el transporte en vehículos. Había que utilizar, desde ese momento, el caballo, o ir a pie. Andábamos cargados con bastante parque, una bazooka con cuarenta proyectiles y todo lo necesario para una larga jornada y el establecimiento rápido de un campamento.

Se fueron sucediendo días que ya se tornaban difíciles a pesar de estar en el territorio amigo de Oriente: cruzando ríos desbordados, canales y arroyuelos convertidos en ríos, luchando fatigosamente para impedir que se nos mojara el parque, las armas, los obuses; buscando caballos y dejando los caballos cansados detrás; huyendo a las zonas pobladas a medida que nos alejábamos de la provincia oriental.

Caminábamos por difíciles terrenos anegados, sufriendo el ataque de plagas de mosquitos que hacían insoportables las horas de descanso; comiendo poco y mal, bebiendo agua de ríos pantanosos o simplemente de pantanos. Nuestras jornadas empezaron a dilatarse y a hacerse verdaderamente horribles. Ya a la semana de haber salido del campamento, cruzando el río Jobabo, que limita las provincias de Camagüey y Oriente, las fuerzas estaban bastante debilitadas. Este río, como todos los anteriores y como los que pasaríamos después, estaba crecido. También se hacía sentir la falta de calzado en nuestra tropa, muchos de cuyos hombres iban descalzos y a pie por los fangales del sur de Camagüey.

La noche del 9 de septiembre, entrando en el lugar conocido por La Federal, nuestra vanguardia cayo en una emboscada enemiga, muriendo dos valiosos compañeros; pero el resultado más lamentable fue el ser localizados por las fuerzas enemigas, que de allí en adelante no nos dieron tregua. Tras un corto combate se redujo a la pequeña guarnición que allí había, llevándonos cuatro prisioneros. Ahora debíamos marchar con mucho cuidado, debido a que la aviación conocía nuestra ruta aproximada. Así llegamos, uno o dos días después, a un lugar conocido por Laguna Grande, junto a la fuerza de Camilo, mucho mejor montada que la nuestra. Esta zona es digna de recuerdo por la cantidad extraordinaria de mosquitos que había, imposibilitándonos en absoluto descansar sin mosquitero, y no todos lo teníamos.

Son días de fatigantes marchas por extensiones desoladas, en las que sólo hay agua y fango, tenemos hambre, tenemos sed y apenas si se puede avanzar porque las piernas pesan como plomo y las armas pesan descomunalmente. Seguimos avanzando con mejores caballos que Camilo nos deja al tomar camiones, pero tenemos que abandonarlos en las inmediaciones del central Macareño. Los prácticos que debían enviarnos no llegaron y nos lanzamos sin más, a la aventura. Nuestra vanguardia choca con una posta enemiga en el lugar llamado Cuatro Compañeros, y empieza la agotadora batalla. Era al amanecer, y logramos reunir, con mucho trabajo, una gran parte de la tropa, en el mayor cayo de monte que había en la zona, pero el ejército avanzaba por los lados y tuvimos que pelear duramente para hacer factible el paso de algunos rezagados nuestros por una línea férrea, rumbo al monte. La aviación nos localizo entonces, iniciando un bombardeo los B-26, los C-47, los grandes C-3 de observación y las avionetas, sobre un área no mayor de doscientos metros de flanco. Después de todo, nos retiramos dejando un muerto por una bomba y llevando varios heridos, entre ellos al capitán Silva, que hizo todo el resto de la invasión con un hombro fracturado.

El panorama, al día siguiente, era menos desolador, pues aparecieron varios de los rezagados y logramos reunir a toda la tropa, menos 10 hombres que seguirían a incorporarse con la columna de Camilo y con éste llegarían hasta el frente norte de la provincia de Las Villas, en Yaguajay.

Nunca nos faltó, a pesar de las dificultades, el aliento campesino. Siempre encontrábamos alguno que nos sirviera de guía, de práctico, o que nos diera el alimento imprescindible para seguir. No era, naturalmente, el apoyo unánime de todo el pueblo que teníamos en Oriente; pero, siempre hubo quien nos ayudara. En oportunidades se nos delató, apenas cruzábamos una finca, pero eso no se debía a una acción directa del campesinado contra nosotros, sino a que las condiciones de vida de esta gente las convierte en esclavos del dueño de la finca y, temerosos de perder su sustento diario, comunicaban al amo nuestro paso por esa región y éste se encargaba de avisarle graciosamente a las autoridades militares.

Una tarde escuchábamos por nuestra radio de campaña un parte dado por el general Francisco Tabernilla Dolz, por esa época, con toda su prepotencia de matón, anunciando la destrucción de las hordas dirigidas por Che Guevara y dando una serie de datos de muertos, de heridos, de nombres de todas clases, que eran el producto del botín recogido en nuestras mochilas al sostener ese encuentro desastroso con el enemigo unos días antes, todo eso mezclado con datos falsos de la cosecha del Estado Mayor del ejército. La noticia de nuestra falsa muerte provocó en la tropa una reacción de alegría; sin embargo, el pesimismo iba ganándola poco a poco; el hambre y la sed, el cansancio, y la sensación de impotencia frente a las fuerzas enemigas que cada vez nos cercaban más y, sobre todo, la terrible enfermedad de los pies conocida por los campesinos con el nombre de mazamorra —que convertía en un martirio intolerable cada paso dado por nuestros soldados—, habían hecho de éste un ejército de sombras. Era difícil adelantar; muy difícil. Día a día empeoraban las condiciones físicas de nuestra tropa y las comidas, un día sí, otro no, otro tal vez, en nada contribuían a mejorar ese nivel de miseria, que estábamos soportando. Pasamos los días más duros cercados en las inmediaciones del central Baraguá, en pantanos pestilentes, sin una gota de agua potable, atacados continuamente por la aviación, sin un solo caballo que pudiera llevar por ciénagas inhóspitas a los mas débiles, con los zapatos totalmente destrozados por el agua fangosa de mar, con plantas que lastimaban los pies descalzos, nuestra situación era realmente desastrosa al salir trabajosamente del cerco de Baraguá y llegar a la famosa trocha de Júcaro a Morón, lugar de evocación histórica por haber sido escenario de cruentas luchas entre patriotas y españoles en la guerra de independencia. No teníamos tiempo de recuperarnos ni siquiera un poco cuando un nuevo aguacero, inclemencias del clima, además de los ataques del enemigo o las noticias de su presencia, volvían a imponernos la marcha. La tropa estaba cada vez más cansada y descorazonada. Sin embargo, cuando la situación era más tensa, cuando ya solamente al imperio del insulto, de ruegos, de exabruptos de todo tipo, podía hacer caminar a la gente exhausta, una sola visión en lontananza animó sus rostros e infundió nuevo espíritu a la guerrilla. Esa visión fue una mancha azul hacia el Occidente, la mancha azul del macizo montañoso de Las Villas, visto por vez primera por nuestros hombres.

Desde ese momento las mismas privaciones, o parecidas, fueron encontradas mucho más clementes, y todo se antojaba más fácil. Eludimos el último cerco, cruzando a nado el río Júcaro, que divide las provincias de Camagüey y Las Villas, y ya pareció que algo nuevo nos alumbraba.

Dos días después estábamos en el corazón de la cordillera Trinidad-Sancti Spíritus, a salvo, listos para iniciar la otra etapa de la guerra. El descanso fue de otros dos días, porque inmediatamente debimos proseguir nuestro camino y ponernos en disposición de impedir las elecciones que iban a efectuarse el 3 de noviembre. Habíamos llegado a la región de montañas de Las Villas el 16 de octubre. El tiempo era corto y la tarea enorme. Camilo cumplía su parte en el norte, sembrando el temor entre los hombres de la dictadura.

Nuestra tarea, al llegar por primera vez a la Sierra del Escambray, estaba precisamente definida: había que hostilizar al aparato militar de la dictadura, sobre todo en cuanto a sus comunicaciones. Y como objetivo inmediato, impedir la realización de las elecciones. Pero el trabajo se dificultaba por el escaso tiempo restante y por las desuniones entre los factores revolucionarios, que se habían traducido en reyertas intestinas que muy caro costaron, inclusive en vidas humanas.

Debíamos atacar a las poblaciones vecinas, para impedir la realización de los comicios, y se establecieron los planes para hacerlo simultáneamente en las ciudades de Cabaiguán, Fomento y Sancti Spíritus, en los ricos llanos del centro de la isla, mientras se sometía el pequeño cuartel de Güinia de Miranda —en las montañas— y, posteriormente, se atacaba el de Banao, con escasos resultados. Los días anteriores al 3 de noviembre, fecha de las elecciones, fueron de extraordinaria actividad: nuestras columnas se movilizaron en todas direcciones, impidiendo casi totalmente la afluencia a las urnas de los votantes de esas zonas. Las tropas de Camilo Cienfuegos, en la parte norte de la provincia, paralizaron la farsa electoral. En general, desde el transporte de los soldados de Batista hasta el tráfico de mercancía, quedaron detenidos.

En Oriente, prácticamente no hubo votación; en Camagüey, el porcentaje fue un poquito más elevado, y en la zona occidental, a pesar de todo, se notaba un retraimiento popular evidente. Este retraimiento se logró en Las Villas en forma espontánea, ya que no hubo tiempo de organizar sincronizadamente la resistencia pasiva de las masas y la actividad de las guerrillas.

Se sucedían en Oriente sucesivas batallas en los frentes primeros y segundo, aunque también en el tercero —con la columna Antonio Guiteras—, que presionaba insistente sobre Santiago de Cuba, la capital provincial. Salvo las cabeceras de los municipios, nada conservaba el gobierno en Oriente.

Muy grave se estaba haciendo, además, la situación en Las Villas, por la acentuación de los ataques a las vías de comunicación. Al llegar, cambiamos en total el sistema de lucha en las ciudades, puesto que a toda marcha trasladamos los mejores milicianos de las ciudades al campo de entrenamiento, para recibir instrucción de sabotaje que resultó efectivo en las áreas suburbanas.

Durante los meses de noviembre y diciembre de 1958 fuimos cerrando gradualmente las carreteras. El capitán Silva bloqueó totalmente la carretera de Trinidad a Sancti Spíritus y la carretera central de la Isla fue seriamente dañada cuando se interrumpió el puente sobre el río Tuinicú, sin llegarse a derrumbar; el ferrocarril central fue cortado en varios puntos, agregando que el circuito sur estaba interrumpido por el segundo frente y el circuito norte cerrado por las tropas de Camilo Cienfuegos, por lo que la Isla quedó dividida en dos partes. La zona mas convulsionada, Oriente, solamente recibía ayuda del gobierno por aire y mar, en una forma cada vez más precaria. Los síntomas de descomposición del enemigo aumentaban.

Hubo que hacer en el Escambray una intensísima labor en favor de la unidad revolucionaria, ya que existía un grupo dirigido por el comandante Gutiérrez Menoyo (Segundo Frente Nacional del Escambray), otro del directorio Revolucionario (capitaneado por los comandantes Faure Chomón y Rolando Cubela), otro pequeño de la Organización Autentica (OA), otro del Partido Socialista Popular (comandado por Torres), y nosotros; es decir, cinco organizaciones diferentes actuando con mandos también diferentes y en una misma provincia. Tras laboriosas conversaciones que hube de tener con sus respectivos jefes, se llegó a una serie de acuerdos entre las partes y se pudo ir a la integración de un frente aproximadamente común.

A partir del 16 de diciembre las roturas sistemáticas de los puentes y todo tipo de comunicación habían colocado a la dictadura en situación difícil para defender sus puestos avanzados y aun los mismos de la carretera central. En la madrugada de ese día fue roto el puente sobre el río Falcón, en la carretera central, y prácticamente interrumpidas las comunicaciones entre La Habana y las ciudades al este de Santa Clara, capital de Las Villas, así como una serie de poblados —el más meridional, Fomento— eran sitiados y atacados por nuestras fuerzas. El jefe de la plaza se defendió más o menos eficazmente durante algunos días, pero a pesar del castigo de la aviación a nuestro Ejército Rebelde, las desmoralizadas tropas de la dictadura no avanzaban por tierra en apoyo de sus compañeros. Comprobando la inutilidad de toda resistencia, se rindieron, y más de cien fusiles fueron incorporados a las fuerzas de la libertad.

Sin darle tregua al enemigo, decidimos paralizar de inmediato la carretera central, y el día 21 de diciembre se atacó simultáneamente a Cabaiguán y Guayos, sobre la misma. En pocas horas se rendía este último poblado y dos días después, Cabaiguán con sus noventa soldados. (La rendición de los cuarteles se pactaba sobre la base política de dejar en libertad a la guarnición, condicionado a que saliera del territorio libre. De esa manera se daba la oportunidad de entregar las armas y salvarse.) En Cabaiguán se demostró de nuevo la ineficacia de la dictadura que en ningún momento reforzó con infantería a los sitiados.

Camilo Cienfuegos atacaba en la zona norte de Las Villas a una serie de poblados, a los que iba reduciendo, a la vez que establecía el cerco a Yaguajay, último reducto donde quedaban tropas de la tiranía, al mando de un capitán de ascendencia china, que resistió once días, impidiendo la movilización de las tropas revolucionarias de la región, mientras las nuestras seguían ya por la carretera central avanzando hacia Santa Clara, la capital.

Caído Cabaiguán, nos dedicamos a atacar a Placetas, rendido en un solo día de lucha, en colaboración activa con la gente del Directorio Revolucionario. Después de tomar Placetas, liberamos en rápida sucesión a Remedios y a Caibarién, en la costa norte, y puerto importante el segundo. El panorama se iba ensombreciendo para la dictadura, porque a las continuas victorias obtenidas en Oriente, el Segundo Frente del Escambray derrotaba pequeñas guarniciones y Camilo Cienfuegos controlaba el norte.

Al retirarse el enemigo de Camajuaní sin ofrecer resistencia, quedamos listos para el asalto definitivo a la capital de la provincia de Las Villas. (Santa Clara es el eje del llano central de la isla, con 150.000 habitantes, centro ferroviario y de todas las comunicaciones del país.) Está rodeada por pequeños cerros pelados, los que estaban tomados previamente por las tropas de la dictadura.

En el momento del ataque, nuestras fuerzas habían aumentado considerablemente su fusilería, en la toma de distintos puntos y en algunas armas pesadas que carecían de municiones. Teníamos una bazooka sin proyectiles y debíamos luchar contra una decena de tanques, pero también sabíamos que, para hacerlo con efectividad, necesitábamos llegar a los barrios poblados de la ciudad, donde el tanque disminuye en mucho su eficacia.

Mientras las tropas del Directorio Revolucionario se encargaban de tomar el cuartel número 31 de la Guardia Rural, nosotros nos dedicábamos a sitiar casi todos los puestos fuertes de Santa Clara; aunque, fundamentalmente, establecíamos nuestra lucha contra los defensores del tren blindado situado a la entrada del camino de Camajuaní, posiciones defendidas con tenacidad por el ejército, con un equipo excelente para nuestras posibilidades.

El 29 de diciembre iniciamos la lucha. La Universidad había servido, en un primer momento, de base de operaciones. Después establecimos comandancia más cerca del centro de la ciudad. Nuestros hombres se batían contra tropas apoyadas por unidades blindadas y las ponían en fuga, pero muchos de ellos pagaron con la vida su arrojo y los muertos y heridos empezaron a llenar los improvisados cementerios y hospitales.

Recuerdo un episodio que era demostrativo del espíritu de nuestra fuerza en esos días finales. Yo había amonestado a un soldado, por estar durmiendo en pleno combate y me contestó que lo habían desarmado por habérsele escapado un tiro. Le respondí con mi sequedad habitual: “Gánate otro fusil yendo desarmado a la primera línea... si eres capaz de hacerlo”. En Santa Clara, alentando a los heridos en el Hospital de Sangre, un moribundo me tocó la mano y dijo: “¿Recuerda, comandante? Me mandó a buscar el arma en Remedios... y me la gané aquí”. Era el combatiente del tiro escapado, quien minutos después moría, y me lució contento de haber demostrado su valor. Así es nuestro Ejército Rebelde.

Las lomas del Cápiro seguían firmes y allí estuvimos luchando durante todo el día 30, tomando gradualmente al mismo tiempo distintos puntos de la ciudad. Ya en ese momento se habían cortado las comunicaciones entre el centro de Santa Clara y el tren blindado. Sus ocupantes, viéndose rodeados en las lomas del Cápiro trataron de fugarse por la vía férrea y con todo su magnífico cargamento cayeron en el ramal destruido previamente por nosotros, descarrilándose la locomotora y algunos vagones. Se estableció entonces una lucha muy interesante en donde los hombres eran sacados con cócteles Molotov del tren blindado, magníficamente protegidos aunque dispuestos sólo a luchar a distancia, desde cómodas posiciones y contra un enemigo prácticamente inerme, al estilo de los colonizadores con los indios del Oeste norteamericano. Acosados por hombres que, desde puntos cercanos y vagones inmediatos lanzaban botellas de gasolina encendida, el tren se convertía —gracias a las chapas del blindaje— en un verdadero horno para los soldados. En pocas horas se rendía la dotación completa, con sus 22 vagones, sus cañones antiaéreos, sus ametralladoras del mismo tipo, sus fabulosas cantidades de municiones (fabulosas para lo exiguo de nuestras dotaciones, claro está).

Se había logrado tomar la central eléctrica y toda la parte noroeste de la ciudad, dando al aire el anuncio de que Santa Clara estaba casi en poder de la Revolución. En aquel anuncio que di como Comandante en Jefe de las Fuerzas Armadas de Las Villas, recuerdo que tenía el dolor de comunicar al pueblo de Cuba la muerte del capitán Roberto Rodríguez El Vaquerito, pequeño de estatura y de edad, jefe del “Pelotón Suicida”, quien jugó con la muerte una y mil veces en lucha por la libertad. El “Pelotón Suicida” era un ejemplo de moral revolucionaria, y a ese solamente iban voluntarios escogidos. Sin embargo, cada vez que un hombre moría —y eso ocurría en cada combate— al hacerse la designación del nuevo aspirante, los desechados realizaban escenas de dolor que llegaban hasta el llanto. Era curioso ver a los curtidos y nobles guerreros, mostrando su juventud en el despecho de unas lágrimas, por no tener el honor de estar en el primer lugar de combate y de muerte.

Después caía la estación de Policía, entregando los tanques que la defendían y, en rápida sucesión se rendían al comandante Cubela el cuartel numero 31, a nuestras fuerzas, la cárcel, la audiencia, el palacio del Gobierno Provincial, el Gran Hotel, donde los francotiradores se mantuvieron disparando desde el décimo piso casi hasta el final de la lucha.

En ese momento sólo quedaba por rendirse el cuartel Leoncio Vidal, la mayor fortaleza del centro de la Isla. Pero ya el día primero de enero de 1959 había síntomas de debilidad creciente entre las fuerzas defensoras. En la mañana de ese día mandamos a los capitanes Nuñez Jiménez y Rodríguez de la Vega a pactar la rendición del cuartel. Las noticias eran contradictorias: Batista había huido ese día, desmoronándose la Jefatura de las Fuerzas Armadas. Nuestros dos delegados establecían contacto por radio con Cantillo, haciéndole conocer la oferta de rendición, pero éste estimaba que no era posible aceptarla porque constituía un ultimátum y que él había ocupado la Jefatura del Ejército siguiendo instrucciones precisas del líder Fidel Castro. Hicimos inmediato contacto con Fidel, anunciándole las nuevas, pero dándole la opinión nuestra sobre la actitud traidora de Cantillo, opinión que coincidía absolutamente con la suya. (Cantillo permitió en esos momentos decisivos que se fugaran todos los grandes responsables del gobierno de Batista, y su actitud era más triste si se considera que fue un oficial que hizo contacto con nosotros y en quien confiamos como un militar con pundonor.)

Los resultados siguientes son por todos conocidos: la negativa de Castro a reconocerle; su orden de marchar sobre la ciudad de La Habana; la posesión por el coronel Barquín de la Jefatura del Ejército, luego de salir de la prisión de Isla de Pinos; la toma de la Ciudad Militar de Columbia por Camilo Cienfuegos y de la Fortaleza de la Cabaña por nuestra columna 8, y la instauración final, en cortos días, de Fidel Castro como Primer Ministro del Gobierno Provisional. Todo esto pertenece a la historia política actual del país.

Ahora estamos colocados en una posición en la que somos mucho más de simples factores de una nación; constituimos en este momento la esperanza de la América irredenta. Todos los ojos —los de los grandes opresores y los de los esperanzados— están fijos en nosotros. De nuestra actitud futura que presentemos, de nuestra capacidad para resolver los múltiples problemas, depende en gran medida el desarrollo de los movimientos populares en América, y cada paso que damos está vigilado por los ojos omnipresentes del gran acreedor y por los ojos optimistas de nuestros hermanos de América.

Con los pies firmemente asentados en la tierra, empezamos a trabajar y a producir nuestras primeras obras revolucionarias, enfrentándonos con las primeras dificultades. Pero ¿cuál es el problema fundamental de Cuba, sino el mismo de toda América, el mismo incluso del enorme Brasil, con sus millones de kilómetros cuadrados, con su país de maravilla que es todo un Continente? La monoproducción. En Cuba somos esclavos de la caña de azúcar, cordón umbilical que nos ata al gran mercado norteño. Tenemos que diversificar nuestra producción agrícola, estimular la industria y garantizar que nuestros productos agrícolas y mineros y —en un futuro inmediato— nuestra producción industrial, vaya a los mercados que nos convengan por intermedio de nuestra propia línea de transporte.

La primera gran batalla del gobierno se dará con la Reforma Agraria, que será audaz, integral, pero flexible: destruirá el latifundio en Cuba, aunque no los medios de producción cubanos. Será una batalla que absorba en buena parte la fuerza del pueblo y del gobierno durante los años venideros. La tierra se dará al campesino gratuitamente. Y se pagará a quien demuestre haberla poseído honradamente, con bonos de rescate a largo plazo; pero también se dará ayuda técnica al campesino, se garantizarán los mercados para los productos del suelo y se canalizará la producción con un amplio sentido nacional de aprovechamiento en conjunción con la gran batalla de la Reforma Agraria, que permita a las incipientes industrias cubanas, en breve tiempo, competir con las monstruosas de los países en donde el capitalismo ha alcanzado su más alto grado de desarrollo. Simultáneamente con la creación del nuevo mercado interno que logrará la Reforma Agraria, y la distribución de productos nuevos que satisfagan a un mercado naciente, surgirá la necesidad de exportar algunos productos y hará falta el instrumento adecuado para llevarlos a uno y a otro punto del mundo. Dicho instrumento será una flota mercante, que la Ley de Fomento Marítimo ya aprobada, prevé. Con esas armas elementales, los cubanos iniciaremos la lucha por la liberación total del territorio. Todos sabemos que no será fácil, pero todos estamos conscientes de la enorme responsabilidad histórica del Movimiento 26 de Julio, de la Revolución cubana, de la Nación en general, para constituir un ejemplo para todos los pueblos de América, a los que no debemos defraudar.

Pueden tener seguridad nuestros amigos del Continente insumiso que, si es necesario, lucharemos hasta la última consecuencia económica de nuestros actos y si se lleva más lejos aún la pelea, lucharemos hasta la última gota de nuestra sangre rebelde, para hacer de esta tierra una república soberana, con los verdaderos atributos de una nación feliz, democrática y fraternal de sus hermanos de América.

miércoles, 30 de diciembre de 2009

Ernesto Che Guevara. ndice e Introducción a un libro publicado por Ocean Sur y el Centro de Estudios Che Guevara

Ocean Sur/ Centro de Estudios Che Guevara

Este libro, compilado por María del Carmen Ariet, Coordinadora Científica del Centro de Estudios Che Guevara, forma parte de la Colección Vidas Rebeldes de la editorial Ocean Sur



«Veo al Che como un gigante moral que crece cada día, cuya imagen, cuya fuerza, cuya influencia se han multiplicado por toda la tierra»
—FIDEL CASTRO

En estas páginas, de la mano de la rebeldía guevariana, inseparable de cada instante de su vida y su obra, el lector puede recorrer, primero con Ernesto, después con el Che convertido en uno y él mismo, etapas decisivas de su desarrollo intelectual y revolucionario.

Che permanecerá no solo en la memoria histórica, Che  ocupa un espacio sin par en las luchas y en las nuevas conquistas que se avecinan, en las cuales su proyecto de cambio deviene estrategia revolucionaria.



CONTENIDO

Introducción: Che Guevara: el condotieri del siglo XX
• De la juventud: «…una voluntad pulida con delectación de artista»
• De la lucha: «…sentir en lo más hondo cualquier injusticia»
• De la Revolución cubana y la construcción socialista: «Nuestro sacrificio es consciente»
• Del internacionalismo: «Mis sueños no tendrán fronteras»

Cronología

Bibliografía de y sobre el Che Guevara

Primera parte: de la juventud

Recorrido por el interior de Argentina (1950)

Selección de crónicas del primer viaje por América Latina (1952)
• Entendámonos
• La sonrisa de La Gioconda 
• Esta vez, fracaso 
• El día de San Guevara 

Cartas a la familia en el segundo viaje por América Latina (1952-1956)
• 12 de febrero de 1954
• Abril de 1954
• Finales de 1954
• 15 de julio de 1956

Segunda parte: de la lucha

Una revolución que comienza

Entrevista de Jorge Ricardo Masetti al Che en la Sierra Maestra (1957)

Semblanzas
• Ciro Redondo
• Lidia y Clodomira

Tercera parte: de la Revolución cubana

Retos de la transición socialista
• Notas para el estudio de la ideología de la Revolución cubana
• Algunas reflexiones sobre la transición socialista
• Reunión bimestral en el Ministerio de Industrias

Política Exterior
• América desde el balcón afroasiático
• Cuba: ¿Excepción histórica o vanguardia en la lucha anticolonialista?
• Discurso y contrarréplica en Naciones Unidas
• Discurso en Argelia

Cuarta parte: del internacionalismo

Cartas de despedida
• Sus hijos
• Sus padres
• Fidel Castro

Carta a Armando Hart

La Piedra

Crear dos, tres… muchos Vietnam, esa es la consigna (Mensaje a la Tricontinental) 

Comunicado no. 4 al pueblo boliviano 

Comunicado no. 5 a los mineros de Bolivia 

Quinta parte: de los sueños

Poesía de despedida

INTRODUCCIÓN
Che Guevara: el condotieri del siglo XX

Para los adolescentes y jóvenes del mundo que han encontrado en la «vida rebelde del Che» un símbolo de inconformismo, explica, en parte, el por qué juntos marchan en múltiples manifestaciones de lucha contra los poderes hegemónicos. Pudieran ser razones suficientes para que cada vez sea más importante meditar sobre cuál es el verdadero alcance de esa rebeldía, cómo se percibe y de qué forma se refleja el sentido de la misma, sobre todo porque es desde esa mirada que ha llegado a convertirse en una representación compartida por muchos y que identifica a generaciones —sin que medie el tiempo transcurrido—, como criterio de su personalidad y por haberse asumido, también, como icono de los años 60 y como aglutinador de movimientos revolucionarios y sociales.

De ahí, que resulte imprescindible formularse algunas interrogantes sobre el por qué y el para qué de esa «rebeldía», con el propósito de compartir entre todos el conocimiento de su real significado, corroborar la coherencia que se siente cuando hurgamos en su yo interior y en la consistencia que demuestran sus primeros brotes de inconformidad hacia el entorno en su primera juventud, que se expresa por medio de una rebeldía individual y trasgresora, como especie de una armazón construida desde el desconcierto y la insatisfacción, y cómo por esas mismas razones va tomado cuerpo una rebeldía más escrutadora de lo social, hasta convertirse no solo en pautas de su actuar, sino en esencias intrínsecas de su compromiso posterior con la humanidad.

Qué cúmulo de fuerzas y razones llegó a atesorar, cuando en carta íntima a su esposa Aleida, después de la contienda del Congo en 1965 y sus primeras sendas en Bolivia, le confiara que «si llego a destino cuando lo sepan, harán todo por ahogar la cosa en germen…».[1]

Sin dudas, nadie más preparado que él para aquilatar en ese ciclo tan vital y definitorio de su existencia, la dimensión de sus afanes y cuánto el esfuerzo realizado para reafirmar convicciones y decisiones puestas a prueba en años en que, sin extenderse mucho en el tiempo, fueron suficientes para estremecer conciencias.

Ese halo que emana de su coraje y ejemplo, para algunos místico y simbólico, cautivante para muchos jóvenes soñadores y románticos, es lo que les llega del Che en forma espontánea, sin necesidad de recurrir a grandes análisis conceptuales y teóricos, con la virtud de la pureza y la ingenuidad propia de quienes lo enarbolan. Sin embargo, a la par de la bondad que se desprende de esas creencias, se hace necesario discurrir en torno a los modos y maneras de obrar que desde su adolescencia guiaron sus pasos y que caracterizaron, por su consistencia y cohesión, un quehacer teórico creador y multifacético, pilares imprescindibles para cualquiera que desde su juventud se sienta imbuido de su ideal y de su constancia, sin banalidades ni falsas alegorías.

Para los jóvenes, en primera instancia, está pensada la selección que se pone en sus manos y que les permitirá un acercamiento más integral y cercano desde su palabra misma, siguiendo las etapas más significativas de su vida, las que al final conducen a demostrar cómo en realidad actuó y pensó a lo largo de su existencia, y contenida en sus propias autovaloraciones, como se advierte en la carta citada con anterioridad: «Me he acostumbrado tanto a leer y estudiar que es una segunda naturaleza y hace más grande el contraste con mi aventurerismo.»[2]

Cuánto de verdad encierra la palabra «aventura», tan utilizada desde siempre por el Che y tan manipulada por sus detractores y destacada como un componente peyorativo, cuando de manera irrevocable la empleó para definir y definirse a sí mismo en circunstancias trascendentes de su vida: «Muchos me dirán aventurero, y lo soy, solo que de un tipo diferente y de los que ponen el pellejo para demostrar sus verdades.»[3]

Desde la rebeldía y la aventura guevarianas, devueltas en páginas de vida y obra, escritas en etapas ineludibles, se puede atravesar, primero con Ernesto, después con el Che convertido en uno y el mismo, etapas decisivos de su desarrollo intelectual y revolucionario y que marcan las pautas de las reveladoras páginas que legara para todos los tiempos.

De la juventud: «…una voluntad pulida con delectación de artista»

Desde el propio 14 de junio de 1928, fecha de su nacimiento en la ciudad de Rosario, Argentina, su país natal, la impaciencia fue el signo que lo caracterizaría. De un alumbramiento a realizarse en Buenos Aires como era el deseo de sus padres, el primogénito del matrimonio Guevara y de la Serna, como premonición de un futuro en ciernes, llega para cambiar los planes idealizados.

Esa señal y a la vez significado, más allá de dudas mal intencionadas y manipuladas en torno a la fecha de su natalicio, será una constante en la familia, porque a la impaciencia del niño se le suma más tarde el asma como compañera inseparable a lo largo de toda su existencia, la que con el mismo ímpetu que naciera, así de modo férreo y agresivo, convivió, para insuflarle no el aire que tanto necesitaban sus pulmones, sino una voluntad y tesón que marcan el camino de sus «conscientes aventuras».

Como una casa nómada, en busca de aire puro para el niño y en constante bregar, peregrina la familia hasta asentarse en Alta Gracia, lugar de esparcimiento y especie de sanatorio natural de la provincia de Córdoba. Sin sospecharlo siquiera, la benevolencia del entorno se conjuró para ofrecerles una larga estadía, primero en Alta Gracia, para seguirle después la capital de provincia, ambos lugares influyentes y forjadores de la personalidad y determinación del joven Ernesto.

La imaginación resulta en extremo fértil para cualquiera que visite esos parajes e intente visualizar las ansias de búsquedas, aventuras y las primeras rebeldías del niño, del adolescente y del joven. Sin embargo, las intenciones que se desean trasmitir se mezclan todas ellas devueltas en páginas escritas, en su casi totalidad sin pretensiones mayores por parte de quien las escribe, pero que denotan un espíritu inquisitivo, tanto en el plano intelectual como en el práctico y que van proporcionando pautas para interpretar y a la vez comprender, con mayor objetividad y precisión, sus posteriores pasos.

Sus cuadernos de época hablan por sí solos de la vasta cultura que llegó a acumular desde su adolescencia, sobre todo por la amplitud de sus lecturas y disímiles materias, colocándose en una posición ventajosa respecto al resto de sus condiscípulos. Es este un aspecto interesante, quizás por lo espontáneo y casi natural, pero que sin dudas va marcando patrones distintivos y constantes de toda su trayectoria intelectual, y que afloran en esa época.

La prioridad o un orden preestablecido en esa etapa formativa, tan importante para su futuro, se hace en extremo muy difícil de delinear como muy específico —quizás sí, como asombroso—, porque posee la cualidad de permanecer inalterable en su adultez, al formar una simbiosis que denotan los signos y ejes imprescindibles para comprender y penetrar no solo en sus ansias de conocimiento, sino por encima de todo en la traducción y desempeño que cobran en su travesía como revolucionario, los que sobresalen como parte de sus cualidades más singulares: coherencia, creatividad teórica y valentía para enfrentar y defender sus creencias y actuaciones.

De la literatura universal e hispanoamericana al estudio de la filosofía toda —heterodoxa y ecléctica como así mismo la juzgara—, surge la necesidad imperiosa de pasar a vivencias directas por medio de viajes que en esos tiempos los consideraba como de aproximación a su entorno.

Si sobresalientes resultan sus esfuerzos por hacerse de una cultura amplia e ilustrativa y que contribuyera a ampliar sus horizontes más allá de simples deducciones y placeres, la dimensión privilegiada que ocupan sus recorridos por el interior de Argentina y más tarde por América Latina, otra vez conducen, tal fue su decisión, al «aventurero y al rebelde, solo que de otro tipo».

Abundantes han sido las páginas escritas sobre el comportamiento de su primera juventud, las unas resaltando sus cualidades y las menos con posiciones equívocas. De todas, existe una verdad no imputable y es la referida al largo tiempo que permanecieron parte de los documentos a los que se ha hecho referencia sin publicarse, y a otros que aun faltan por editarse.

La convicción que brota de esas páginas, como parte de una memoria viva, acercan al lector a las claves y pilares del esqueleto que con posterioridad conformara su armadura toda y donde se advierten los signos en los que se asientan su incurable rebeldía y su incesante indagación para encontrar sus verdades, devueltas en lucha contra la injusticia, la entrega por el bien del hombre y por alcanzar una América unida, en su ya afianzado latinoamericanismo.

Después de aquilatar el potencial inmenso y subyugante que encierra su «mayúscula América», sus enormes contradicciones y sus posibles cambios, se impuso consecuentemente construirse una «aventura mayor» por medio de las armas con las que se había medido y puesto a prueba: el estudio profundo y la práctica revolucionaria. El primero, a través de la filosofía, pero esta vez con un nombre definitivo, el marxismo, como el instrumento sustancial para encontrar verdades ocultas y posibles soluciones; el segundo, el camino a la revolución, sustentado por el primero, pero a la vez preñado de incertidumbres y de grandes batallas por librar que le sacarían los demonios de la rebeldía emergiendo como su razón de ser: «…América será el teatro de mis aventuras con carácter mucho más importante que lo que hubiera creído; realmente creo haber llegado a comprenderla y me siento americano con un carácter distintivo de cualquier otro pueblo de la tierra».[4]

Desde lo inmenso de su yo más profundo se sellaba la partida: su entrega a la humanidad, al rescate pleno del hombre y a la lucha para conquistar el porvenir de nuestra América.

De la lucha: «…sentir en lo más hondo cualquier injusticia»

La relevancia que distingue el tránsito de la formación intelectual y política del joven Ernesto a una plena maduración transcurre en apenas 15 años, derivada de una permanente acumulación de experiencias políticas, muchas de las cuales lo condujeron a reflexiones que lo guiarían por entero a la lucha política.

El «vagar sin rumbo» como calificara el inicio de su primer viaje por el continente en 1951, medio linyera[5] y envuelto en aventuras sorprendentes, lo tomaron de improviso cuando se vio rodeado de una mar de confusiones y en la necesidad obligada de mirar, no como un simple viajero que de pronto se percata que el mundo al que debía pertenecer le resulta desconocido y desconcertante por los muchos problemas que encontraba a su paso, sino sobre todo porque esos problemas, a simple vista, no obedecían a caprichos o desidias de sus pobladores.

Ese primer impacto, entre hechos y circunstancias, se manifiesta con singular particularidad en la apropiación que asumió del pensamiento filosófico, y en particular de la asunción paulatina que experimenta con el marxismo como teoría certera para desentrañar «los males de América». De manera espontánea se enlazan la teoría y la práctica y advierte que ambas lo impelen al vértice de un camino que hasta esos momentos no había asumido con total conciencia, pero que desde ya actuarían y se comportarían como imprescindibles en cualquier acción y circunstancia en que le tocara desenvolverse. Esa unidad entre pensamiento y acción conforman el centro de su obra y modelan el espíritu de compromiso que adquiere en la lucha política a lo largo de su trayecto revolucionario. Es la filosofía de la praxis que, al igual que Marx, abogaba por una plena acción humana capaz de revolucionar la existencia y transformar las conciencias, aun cuando no hubiera experimentado la extensión de esas concepciones.

Aunque sus ímpetus eran inmensos en esos años de revolucionario incipiente, su peculiar forma de asimilar y a la vez de asumir los cambios que pensaba debían sucederse, contribuyeron a acelerar el proceso y a catapultarlo a la búsqueda de experiencias concretas. Ya para ese entonces la «aventura» de convertirse en un «verdadero revolucionario» como confesara en carta a su familia en el trayecto de su segundo viaje por Latinoamérica en 1953, poseía el sesgo de la enseñanza recibida en sus recorridos por el continente, y más importante aun, las vivencias de los procesos revolucionarios más radicales e influyentes que habían tenido lugar en el continente en esos años: la revolución boliviana y la revolución guatemalteca.

Ambos procesos, desde sus imprecisiones el primero y desde sus cualidades valuadas por el propio Ernesto, el segundo, le ofrecieron una visión conjugada de cómo debía procederse si en verdad se estaba dispuesto a transformar esas estructuras caducas y expoliadoras que había constatado en sus recorridos y que abarcaban a la totalidad de la sociedad. A todo ello, se le suma la frustración que soporta al ver abatida lo que consideraba lo más auténtico de un proceso revolucionario, como fue el caso de Guatemala, país agredido e invadido por los poderes omnímodos de adentro y de afuera. Pudo directamente percibir la conjura de los poderosos y los métodos bárbaros dispuestos para hacer abortar cualquier expresión de cambio, aunque fuera lo más ínfimo. 

La huella que deja en Ernesto, sumido en el tránsito de lo que serían con posterioridad sus posturas más radicales, la lucha revolucionaria, necesitó de un proceso en el que de nuevo afloran sus signos rectores, el escudriñar en el marxismo el papel asignado al sujeto como un ente activo capaz de actuar y luchar en aras de alcanzar algo mejor, pero esta vez acompañado de vivencias precisas y muy directas que le esclarecían el futuro de sus pasos.

Es en México, donde la casualidad histórica lo conduce al advenimiento de un proceso revolucionario y al contacto directo con su líder. Esa casualidad cobra forma, primero con la empatía que desde el principio surgió entre Fidel Castro y Ernesto, quien para siempre se convertiría en Che, seguido de la posibilidad real de participar en la lucha de liberación que el pueblo de Cuba se aprestaba a realizar para librarse de las garras de un tirano más.

En la preparación y en su posterior desempeño como guerrillero se conjuraba de nuevo la rebeldía con la «aventura», solo que esta vez de forma corpórea se manifiesta en su dimensión exacta, cuando al responderle, ya en plena Sierra Maestra en 1957, a su compatriota Ricardo Masetti: «Estoy aquí, sencillamente, porque considero que la única forma de liberar a América de dictadores es derribándolos. Ayudando a su caída de cualquier forma. Y cuanto más directo mejor».[6]

La lucha emprendida dentro de la Revolución Cubana lo hacen un combatiente ejemplar, puesto a prueba en tácticas y estrategias diseñadas para disímiles acciones, pero lo más relevante es la posibilidad que se le presentó en la práctica de discernir entre el valor real de la lucha en aras de acabar definitivamente con cualquier injusticia cometida y en aquilatar el futuro de sus acciones: «…tenía que llegar a una serie de conclusiones que se daban de patadas con mi trayectoria esencialmente aventurera; decidí cumplir primero las funciones principales, arremeter contra el orden de cosas, con la adarga al brazo…» [7] 

De la Revolución cubana y la construcción socialista: «Nuestro sacrificio es consciente»

La posibilidad de acercarse al Che, en unas breves líneas, a través de lo que le aporta a la Revolución cubana y lo que a su vez ésta le aporta, resulta en extremo difícil porque estaríamos faltando a una verdad histórica irrebatible, es en ella y por ella que logra acercarse a un peldaño superior en su trayectoria como revolucionario.

Qué significado real tuvo para este inveterado rebelde su presencia comprometida con la Cuba revolucionaria, cuando en cartas de despedida a sus padres y al propio Fidel en 1965, precisa la médula misma de su conducta y entrega: nada han cambiado sus esencias, salvo que era más consciente y su marxismo más enraizado y depurado, y por otra parte, la satisfacción de haber vivido días magníficos y el orgullo de pertenecer al pueblo cubano en momentos cruciales de su historia.

Esas razones pudieran ser simples y de hecho lo son, porque hablan de entrega y de orgullo y pasan por la subjetividad de las vivencias, pero cuánto de contenido encierran, sería la ruta a tener en cuenta para comprender la satisfacción de la entrega por medio del ejemplo, la creatividad de su pensamiento para hacer avanzar un proceso que sentía como suyo y su espíritu de compromiso en la multiplicidad de tareas y funciones que desempeñó. En todas resaltan la coherencia del revolucionario que vislumbra la necesidad insoslayable de avanzar con pasos propios sin mecanicismos ni idealismos voluntaristas, por medio de las armas que sabía infalibles si se empleaban correctamente.

Un elemento primordial en ese inmenso quehacer y que muchas veces no se mide con la intensidad que debiera, es el breve período en que transita el legado que dejara en su afán por construir el socialismo en Cuba. Apenas bastaron seis años, de 1959 a 1965, para que brotara el caudal teórico-práctico acumulado en su etapa formativa y su progresiva madurez, empeño que muchas veces se minimiza más por desconocimiento que por certeza, pero que no se debe ni puede ser excluido, porque en ello radica el sustrato que posibilitó un avance superior, compelido por la construcción de todo un pueblo empeñado en barrer con su pasado.
 
Cómo adentrarse en su pensamiento y acción y de qué modo se debe asumir su contenido por todos los que, de una forma u otra, consideran que su presencia en las luchas actuales y las por venir resulta además de necesaria, imprescindible, es un cuestionamiento que estamos obligados a analizar. En ese camino deben tenerse en cuenta las prioridades que en un contexto determinado asumió, y extraer, además, las enseñanzas que se derivan de su experiencia política.
 
En el plano teórico, el marxismo se presenta en su obra como una continuidad dialéctica ascendente desde sus primeras búsquedas indagatorias hasta la culminación de apuntes, notas y reflexiones de enorme valor creativo. Comprendió en su tiempo histórico las esencias verdaderas del marxismo, sobre todo su esencia humanista presente desde sus primeros escritos de juventud. Al hombre medida de todas las cosas, observación admitida en sus apuntes primarios, le continúan la asunción de las tesis marxistas acerca del sujeto como ente activo y en su lucha por un mundo más justo. Ese hombre sujeto de la historia percibido por el Che como uno de los aportes esenciales del pensamiento filosófico de Marx, forma parte de sus tesis esenciales y un principio renovador dentro de la Revolución cubana, en contraste con las posiciones que se habían asumido en el socialismo existente, al entender al hombre por primera vez como centro de un proyecto social inmerso en una actividad concreta, mediante la cual puede alcanzar sus potencialidades como creador de nuevas formas y necesidades.
 
Como culminación de ese empeño queda el imprescindible ensayo El socialismo y el hombre en Cuba, escrito en 1965, colofón de su quehacer teórico como constructor de una nueva sociedad y en el que conmina y provoca a penetrar en uno de los problemas más complejos a debatir en los cambios que se deben asumir en los nuevos tiempos por el hombre que emerja de esa lucha ideológica entre el pasado que se aferra en no desaparecer y el presente que se construye, consciente de su papel, alejado de la marginación que fórmulas erradas impusieron en el mal llamado «socialismo real» y construyéndose una cultura propia, erigida en términos gramscianos como hegemónica y expresión de soluciones colectivas.
 
En la década de los 60, para muchos una época de revolución, el marxismo filosófico y los procesos revolucionarios alcanzaron en el debate político de su tiempo una máxima expresión, por lo polémico, contradictorio e incisivo, entre fuerzas opuestas que batallaban, las unas por alcanzar su independencia, las otras por mantener sus poderes omnímodos.
 
En ese contexto, por primera vez en el mundo occidental, surge y se desarrolla la Revolución cubana y su decisión de avanzar en el camino a la transición socialista. Para el Che ese proceso devino el resultado lógico de un mundo que pugnaba por renacer de un pasado de opresión y miseria y donde la palabra revolución era parte inseparable de los cambios estructurales que debían producirse, llevados de la mano por el marxismo, que en el Che se convierte en la expresión conceptual del marxismo tercermundista, como parte consustancial de las grandes masas desposeídas.
 
El paradigma era la Revolución cubana, con su cuota de ensayo y error, su experimentación, negándose a encerrarse en verdades absolutas y donde el cambio tenía que ser total y abarcador, con el objetivo de realizar una auténtica revolución socialista, sustentada en una filosofía y moral propias, capaz de transformar al hombre con su actuar creador y su plena emancipación.
 
La lectura de las páginas seleccionadas de esta etapa, proporcionan la concepción plena que llegó a tener el Che de lo que debía ser una genuina revolución emanada del cambio y de una concepción estratégica integral, sobre todo desde el subdesarrollo mismo, y cómo alcanzarla a través de prácticas políticas renovadoras y alejadas de dogmas y axiomas mecanicistas, con una fuerte compulsión moral y educativa para demostrar cuánto se logra desde un poder sustentado por un proyecto alternativo de justicia y de dignidad. Se puede entender, además, con meridiana claridad, la verdadera correspondencia entre el trabajo práctico y las capacidades teóricas que surgen desde las experiencias cotidianas como armas empleadas en su concepción de la transición socialista. Todavía resuena su intencionada interrogación: «¿Por qué pensar que lo que “es” en el período de transición, necesariamente “debe ser”?».[8]
 
Esa forma que tuvo de mirar el mundo y su verdadera transformación son las esencias que no solo forman parte de la memoria histórica, sino que deben formar parte del debate actual de las nuevas y viejas generaciones en su enorme reto: «Nuestro sacrificio es consciente; cuota para pagar la libertad que construimos».[9]
 
Del internacionalismo: «Mis sueños no tendrán fronteras»
 
Por encima del conmovedor impacto que el mundo todo sintiera con la lectura que hiciera Fidel, en octubre de 1965, de la carta de despedida del Che, excepto sus enemigos de siempre, el resto de la humanidad, entiéndase lo más avanzado y honesto, comprendió en su real significado esa entrega sin límites de un hombre que, en intimidad compartida con su esposa después de su partida definitiva, llegara a confesarse que: «Lo que llevo por dentro no es ninguna despreocupada sed de aventura y lo que conlleva, yo lo sé…»[10]
 
Es el punto culminante de su perenne «aventura», solo que esta vez su juicio y alcance sopesan la envergadura de lo por venir y se despoja de la ironía en que muchas veces envolvía sus reales sentimientos y conductas.
 
De aquel no tan lejano diciembre de 1956, en que se lanza a «conquistar el porvenir» para contribuir a hacer realidad los sueños de un pueblo que clamaba por la libertad, hasta 1965, momento en que toma la decisión de marchar para alcanzar su escalón más alto, la lucha internacionalista, cuántas fueron las batallas libradas consigo mismo y cuánto el esfuerzo y las decisiones asumidas con plena convicción, que lo impelen a una decisión en extremo difícil en lo personal, pero plena de certidumbres y entrega.
 
Desde el mismo triunfo de la Revolución cubana, en enero de 1959, se le ve inmerso en el quehacer de una obra mayor, la liberación de los pueblos, apoyado en el inmenso caudal que la propia obra de la revolución le suministraba. Fueron años de intensa labor, apoyando, estudiando y, sobre todo, comprometiéndose con la justeza de esas luchas.
 
Un antecedente primordial, muchas veces pasado por alto, lo constituyen sus acciones en la política exterior de la Revolución desde su primer viaje, en junio de 1959, por algunos de los países que conformaban el Pacto de Bandung, antecedente del Movimiento de los no Alineados, hasta su última presentación oficial en febrero de 1965, en Argelia.
 
Desde el primer recorrido se experimenta la búsqueda y el compromiso con países y continentes desconocidos, pero con iguales añoranzas y ansias de libertad. El colonialismo y el neocolonialismo se le presentan al Che en su real contorno y similitud, desde lo negativo de los perennes poderes omnímodos hasta los esfuerzos de lucha por obtener una plena independencia.
 
Inmerso en esas funciones y en su empeño directo por construir el socialismo en Cuba, aflora un pensamiento y acción que lo llevan al análisis del papel del imperialismo, de la correlación de fuerzas existentes a nivel nacional e internacional, y por encima de todo, a pensar en el socialismo como parte de un nuevo orden mundial como consecuencia de la nefasta política imperial, a partir de extender la revolución a escala internacional.
 
Ese pensamiento centra la atención en las luchas que deben librar los países del Tercer Mundo, basado en posiciones tácticas, en el análisis general que hiciera del capitalismo y en las críticas a las políticas asumidas por los países socialistas, señalamientos que alcanzaron su clímax en el discurso pronunciado en Argelia en 1965, cuando argumentara que: «No puede existir socialismo si en las conciencias no se opera un cambio que provoque una nueva actitud fraternal frente a la humanidad, tanto de índole individual, en la sociedad en la que se construye o está construido el socialismo, como de índole mundial en relación a todos los pueblos que sufren la opresión imperialista.»[11]
 
El salto definitivo estaba dado, no importaban los contratiempos, las incomprensiones y los obligados y exigidos exorcismos ante tamaña herejía, esta vez «la aventura y la rebeldía» habían pasado por pruebas irrefutables y los anhelos y las ansias juveniles se corporizaban en un pensamiento renovador y crítico —una de sus mayores cualidades—, para transformar el subdesarrollo, los que constituyen hitos que han guiado a generaciones a compartir como suyas su sentido de la rebelión a escala global contra toda dominación y la propuesta de alcanzar la plena liberación de la humanidad nacida desde la revolución misma.
 
Por más que los poderes supremos lo ataquen, el Che permanecerá no solo en la memoria histórica, sino que estará siempre vivo en todos los cambios que deben producirse, movilizando conciencias para el advenimiento de futuras sociedades socialistas, renovando las propuestas de cambio y planteándose las dimensiones que deben vencerse para derrotar al capitalismo. Desde esa perspectiva actual, cobra auténtica fuerza la figura del Che luchando por cambiar el mundo e incitándonos al diálogo crítico y creador, a los nuevos desafíos y nuevas metas, como base y fuerza espiritual de los movimientos sociales y a compartir sus últimos sueños, devueltos en verso: «Los Todos me exigen la entrega total…/ Salgo a edificar las primaveras de sangre y argamasa…»[12]
 
Con esa sangre y argamasa, definitivamente «la aventura y la  Con esa sangre y argamasa, definitivamente «la aventura y la rebeldía» cobran vida en las imágenes emblemáticas que tanto gustan de enarbolar los soñadores de todos los tiempos.

Dra. Ma. del Carmen Ariet García
Centro de Estudios Che Guevara

Notas:

1.- Aleida March de la Torre: Evocación, Editorial Casa, La Habana, 2008, p. 159.
2.- Ibídem.
3.- Ernesto Che Guevara: Che Guevara presente, Editorial Ocean Press, Australia, 2005, p. 403.
4.- Ernesto Che Guevara: Che desde la memoria, Editorial Ocean Sur, Australia, 2004, p. 97.
5.- Argentinismo que significa vago.
6.- Ernesto Che Guevara: Che Guevara presente, ed. cit. en nota 3, p. 123.
7.- Ibídem, p. 110.
8.- Ernesto Che Guevara: Retos de la transición socialista en Cuba (1961- 1965), Ocean Sur, La Habana, 2008, p. XIV.
9.- Ernesto Che Guevara: Che Guevara presente, ed. cit. en nota 3, p. 239.
10.- Aleida March de la Torre: Evocación, ed. cit. en nota 1, p. 157.
11.- Ernesto Che Guevara: Che Guevara presente, ed. cit. en nota 3, p. 357.
12.- Aleida March de la Torre: Evocación, ed. cit. en nota 1, p. 184.
 
 
Un instrumento de pensamiento y acción para nuestros jóvenes

por Ma. del Carmen Ariet

A propósito de la publicación de Ernesto Che Guevara, en la Colección Vidas Rebeldes de la editorial Ocean Sur

Es importante destacar el sentido y la verdadera esencia de la Colección Vidas Rebeldes dentro del proyecto editorial Ocean Sur, que va desde la selección de los personajes que la integran hasta el contenido elegido para ilustrarlos. Un signo distintivo es precisamente el modo y manera en que todos y cada uno de ellos ha dejado una huella con su pensamiento y acción que los hacen sobresalir y en muchos casos ser paradigmas y ejemplos, aunque en su tiempo muchos no hayan sido asumidos como tal, precisamente por su enfrentamiento y conductas transgresoras.

En el caso del Che, pudiera parecer fácil la selección de los materiales a editar, porque para muchos representa el símbolo de la rebeldía sin discusión de ningún tipo, pero a la vez resulta contradictorio, aunque parezca paradójico.

Hay que partir de un principio más preciso y es que el Che es esencialmente un revolucionario. Por supuesto, rebeldía y revolución van de la mano pero —y este pero es necesario destacarlo—, ejemplos de rebeldía pueden citarse muchos y sin embargo no culminan su ciclo como revolucionarios en su sentido integral, es decir hacer de la rebeldía y la revolución un binomio que conduzca a cambios profundos y transformadores y que tenga repercusión en la humanidad, aun cuando no se lo hayan propuesto, es algo bien distinto.

En la Introducción del libro hemos pretendido cronológicamente demostrar lo anterior, sobre todo por la manipulación y tergiversación que sus enemigos han intentando, desde siempre, con etapas y acciones de su vida. Creo que en el siglo XX ha sido una de las figuras más denostadas y no es por elección simple que lo han perseguido y denigrado permanentemente, sino todo lo contrario, porque representa la coherencia, el ejemplo y el valor necesario para enfrentar poderes superiores poniendo por delante “el pellejo para demostrar sus verdades”, como les escribiera a sus padres en la carta de despedida.

Si de alcance se trata, me parece que esa expresión convertida en realidad es lo suficientemente contundente para medir el alcance de la verdadera rebeldía guevariana.

Por eso, en un libro como este dedicado esencialmente a los jóvenes, la selección de sus escritos tenía el compromiso de introducirlos en etapas y ejes temáticos capaces de sustentar lo fundamental de su vida y acción, no con un sentido lineal simple sino con el objetivo de demostrar la dialéctica interna que desde muy joven le imprimió a su comportamiento y que cada lector pueda sentir que la bandera enarbolada con su imagen se corresponde con el símbolo que se había representado o imaginado sobre el Che, incluso aceptando el halo romántico que emana de su imagen hermosa y soñadora que tanto gusta a los más jóvenes.

Esto último me parece importante, porque muchas veces se emplean consignas, definiciones o conceptos para caracterizar al Che que pueden ser muy atractivos, pero tenemos obligatoriamente que preguntarnos, primero, si expresan su verdadera dimensión y si son entendidos para los tiempos que vivimos, y después, cómo asumirlos sin distorsionar sus reales propósitos.

Para mí eso es esencial, porque en nuestro ámbito continental se están produciendo cambios y procesos, yo diría que históricos, y nuestros jóvenes tienen la obligación de entender dónde se encuentran y cómo actuar, mirando de que lado está el deber —parafraseando a Martí, nuestro héroe nacional—. El Che puede ser y es, sin dudas, un referente obligado porque sintió y vivió como nadie lo latinoamericano, el dominio imperial, la frustración y humillación de nuestros pueblos originarios y además pensó y actuó dejándonos un legado imperecedero, pero, quizás por ello, se está en la obligación de conocer ese legado sin falsas reproducciones ni esquemas preestablecidos de conductas obsoletas ni de simbologías banales.

Solo así se pondrán entender los pequeños destellos que fue dejando en sus escritos desde épocas tempranas y que se van expandiendo y cristalizando hasta dejarnos un pensamiento marxista creador y antidogmático, consecuente con su praxis esencialmente humanista y solidaria.

Che desde su propia voz, sin mediadores, sin tergiversaciones, sin visiones esquemáticas

Lo expresado anteriormente no es una tarea fácil, porque los jóvenes están sometidos a un bombardeo permanente de los medios, muchos de los cuales están pagados para ofrecer una imagen contraria a lo que hemos expresado y seleccionado en el texto. Incluso, lo más difícil es cuando queriendo brindar una imagen positiva se distorsiona al asumir textos o imágenes elaborados con un supuesto sentido moderno y atractivo para los adolescentes y jóvenes, pero que representan o conducen a todo lo contrario y que los aleja del verdadero sentido de su vida.

Este es un gran problema, porque nosotros tenemos la obligación de subvertir esas distorsiones y no siempre contamos con los recursos y los medios a nuestro alcance ante tanto poder mediático. ¿Cómo trasmitir el verdadero sentido y significado del Che “aventurero”, del guerrillero, del hombre de pensamiento esencialmente humanista enfrentado al icono abstracto repleto de colorido e inalcanzable en que muchas veces es convertido? Todo esto está presente cotidianamente, los que lucran con la imagen con aparente inocencia, los que escriben panfletos como oraciones solemnes inalcanzables, supuestamente  positivas, pero que provocan un daño casi al nivel de los que tergiversan su ejemplo y su obra.

Entre otras razones, es lo que explica la labor principal del Centro al decidir como principio básico publicar al Che por el Che, editando documentos inéditos con el propósito de ir cerrando el paso a las falsedades y tergiversaciones presentes en la casi totalidad de las biografías escritas, sistematizando su pensamiento y los principales ejes temáticos que lo distinguen.

En esa línea se inscribe el libro de Vidas Rebeldes, síntesis de algunos documentos imprescindibles de lo publicado en nuestro proyecto editorial, para cumplir con un propósito fundamental, entregar a los jóvenes la palabra viva, primero de Ernesto y después del Che como un instrumento de pensamiento y acción para su acervo cultural y revolucionario.

Las fases integradoras del proyecto de cambio social concebido por el Che

Aunque el material escogido pretende destacar los rasgos más sobresalientes de su pensamiento desde su primera juventud, en el balance siempre sobresalen los componentes esenciales del Che revolucionario y por consiguiente su interpretación de la realidad latinoamericana y tercermundista con un sello muy particular, cuya herencia indiscutible se entronca con la Revolución cubana y su participación como dirigente dentro de la misma.

La figura y la relación indisoluble con Fidel, su experiencia anterior con América Latina en sus recorridos juveniles, sus reflexiones en cómo enfrentar el socialismo en las condiciones concretas de los países subdesarrollados, su visión y análisis en torno a los problemas y desviaciones que presentaba el modelo del mal llamado “socialismo real”, el papel del imperialismo como centro de la hegemonía de poder y la forma de combatirlo; esos y otros análisis de igual relieve fueron conformando y delineando fases de cambio en una evolución lógica por las  que se debía transitar si nos proponíamos alcanzar un mundo más humanizado par todos.

Por supuesto, esas fases no fueron trazadas por el Che independientes unas de otras y mucho menos excluyentes, porque su validez estriba en la dialéctica en que fueron moldeándose, dónde se entrecruzan, se fundamentan y complementan, es decir que, si primero logramos visualizar una concepción integral de cambio para América Latina, de forma continua se van incorporando otros elementos más abarcadores en los que se van insertando los problemas y realidades que afrontaban los países tercermundistas y las formas en que debían encauzar el proceso de transformación en una lucha conjunta a escala global.

Ese esfuerzo, que abarca un ciclo breve en su trayectoria revolucionaria, bastó para sustentar pautas futuras de  unidad e integración bajo una óptica diferente si los países ricos se negaban a sustentar y a apoyar nuevas políticas de desarrollo para los países pobres. El llamado al entendimiento de los poderosos con el objetivo de adquirir compromisos económicos que permitieran encauzar el desarrollo de los más desposeídos sin tener que recurrir a la lucha, encontró, como históricamente siempre ha sido, el rechazo y el enfrentamiento, poniéndose en evidencia lo que tantas veces había pronosticado el Che, la necesidad de plantearse el camino del cambio a través de la confrontación armada si deseábamos alcanzar la emancipación plena.

Puede que para los jóvenes ese llamado no alcance la fuerza ni el convencimiento en que fueron expresados en esos tiempos por el Che y los revolucionarios de esos años, sin embargo si se examina el momento histórico en que encontraron fundamento, la agresividad de las respuestas del imperialismo y sus aliados para barrer generaciones completas que estaban dispuestas a luchar por un mundo mejor,  las tácticas para reimplantar un capitalismo salvaje a los países que salían del colonialismo y los sometidos al neocolonialismo, en fin la barbarie a escala planetaria, entenderían con mayor claridad las reflexiones del Che a la convocatoria de lucha, porque de desoírla  correrían ríos de sangre y sufrimiento y pasarían muchos años para alcanzar la verdadera liberación.

El internacionalismo antiimperialista del Che ante las nuevas estrategias de integración en América Latina

En ese análisis resurge con una fuerza indestructible su Mensaje a la Tricontinental, publicado cuando estaba luchando ya en Bolivia, y cobra especial significación el internacionalismo, que en su caso particular contiene un sello muy propio al definir claramente su carácter antiimperialista, sustentado no solo en un discurso político construido a lo largo de su vida, sino en una praxis política consecuente con su peculiar modo de enfrentar el capitalismo y transitar hacia un mundo éticamente construido para todos.

De lo expuesto pueden extraerse lecciones indiscutibles, muchas de las cuales fueron combatidas y rechazadas por quienes estaban obligados a mirar con luz de futuro, y tampoco sin negar posturas extremas sacadas fuera de contexto y alejadas de sus realidades, las que a la larga produjeron más daño que acciones efectivas. Todas esas contradicciones, aprovechadas por los poderes hegemónicos sin excluir ningún método, han impedido durante mucho tiempo alcanzar una visión certera del camino que debíamos emprender, sumado al golpe estremecedor que significó la desaparición del socialismo como sistema, más allá de errores y desviaciones imperdonables.

Sin embargo, a pesar de lecciones tan amargas, ¿qué explica el resurgir desde finales del pasado siglo de nuevos acontecimientos y figuras en América Latina, por ceñirnos a nuestro ámbito, que están empeñados en recuperar, en palabras del presidente Chávez, nuestra “primavera democrática” y que están tratando de reconstruir nuestra verdadera integración bajo los principios esenciales de la cooperación, la solidaridad y la plena justicia social?

Es precisamente ahora, aunque algunos estrechos de mente no lo compartan, que el Che cobra mayor validez y actualidad sobre todo para los jóvenes que enarbolan su bandera de héroe legendario, cuando desde el Mensaje a la Tricontinental nos alienta a continuar: “…si todos fuéramos capaces de unirnos […] ¡qué grande sería el futuro y qué cercano!”
 
Más información sobre este libro: http://www.oceansur.com/product/ernesto-che-guevara/
 

viernes, 18 de diciembre de 2009

Entrevista a la Comandante Lola, de la Unidad Revolucionaria Nacional Guatemalteca


Marcelo Colussi (Desde Guatemala, especial para ARGENPRESS.info)

Alba Estela Maldonado, más conocida como “comandante Lola”, es una mujer de una fuerza inquebrantable. Militante de base y comandante guerrillera por años, fue fundadora del Ejército Guerrillero de los Pobres –EGP–, una de las cuatro fuerzas que luego se unirían formando la Unidad Revolucionaria Nacional Guatemalteca, de la que fue su Secretaria General, organización popular guerrilla que por años constituyó el principal elemento de contrapoder y opción revolucionaria en Guatemala, con una enorme capacidad de organización de base, casi en condiciones de repetir las experiencias triunfantes de Cuba y Nicaragua.

Ante el cambio de escenario mundial con la caída del campo socialista soviético, ya desmovilizada la organización guerrillera, con la firma de la paz en el año 1996 ingresa a la lucha política en los términos del parlamentarismo tradicional, siendo diputada al Congreso por la URNG entre 2004 y 2008. Militante revolucionaria por toda la vida, crítica incansable, dialogó con Argenpress por medio de su corresponsal para Centroamérica y el Caribe, Marcelo Colussi, acerca de la viabilidad, o no, de los movimientos armados en la actualidad y, en términos generales, de las posibilidades de transformación que se avizoran para el campo popular en Latinoamérica para los próximos años.

Argenpress: Luego de la experiencia de estas últimas décadas en Latinoamérica, hay quien dice que los movimientos armados en la actualidad no tienen viabilidad, aunque de hecho al menos en dos países (Colombia y el sur de México) existen y están operativos. ¿Qué balance podemos hacer respecto de estos movimientos y de su lucha en estos años pasados, y qué perspectivas de futuro podría pensarse para propuestas armadas en la región?

Comandante Lola: Si decimos que hoy día los movimientos armados no tienen viabilidad, con eso estamos desconociendo que en estos momentos se están desarrollando guerras en distintas partes del mundo. En todo caso, movimientos armados hay; lo que habría que ver es si esa forma organizada de lucha, surgida del pueblo y con un proyecto de transformación de la sociedad, es hoy día la estrategia más válida, tal como se la conoció aquí décadas atrás. En América Latina esa lucha armada tomó la forma de guerra de guerrillas, con distintos niveles de desarrollo en cada país. Esa forma de lucha –lucha armada, o lucha insurreccional, o guerrillera, o guerra popular– obedece a ciertas condiciones, entre las cuales la fundamental es el nivel de conciencia y de organización de sectores importantes de la población, que ven en esa modalidad de lucha una posibilidad concreta de cambiar las cosas. Eso es lo que determina o no, lo que hace posible o no, el desarrollo de una guerra popular. En América Latina, fuera de los países donde hay procesos en que las democracias actuales permiten ciertos avances a sus pueblos, como por ejemplo Venezuela o Bolivia, en la mayoría de países hay elementos que estarían, por un lado, obstaculizando el desarrollo de una lucha armada popular, pero por otro lado, gestando también condiciones que pueden crear nuevos niveles de conciencia. Esas condiciones serán las que, en un futuro, podrán decidir si la gente se plantee nuevamente la posibilidad de un intento de lucha armada revolucionaria.

Las políticas neoliberales han tenido efectos muy nocivos en nuestros países; uno de ellos es el factor organización. En el momento en que los sindicatos son debilitados, los líderes cooptados, cuando aparecen las ONG’s jugando un papel tan nefasto en términos de dividir la organización local, todo eso crea una situación muy difícil para la organización de nuestros países.

En cada país la situación tiene sus particularidades. En el caso de México, por ejemplo, que tuvo una lucha del movimiento zapatista tan largamente preparada, la aparición de una propuesta armada en Chiapas tuvo un efecto positivo, en tanto abrió espacios para la propia organización de la gente, creando así un repudio hacia lo que se había constituido en una dictadura de partido. Desde el punto de vista organizativo, quizá México es diferente a otros en la región, aunque en lo económico-social esté igualmente golpeado que los otros países por esta marea neoliberal. Creo que, a su modo, la llegada del movimiento armado en el sur de su territorio despertó una nueva conciencia ciudadana, y no sólo en Chiapas, sino a nivel nacional, incluso en el Distrito Federal.

En El Salvador, el triunfo electoral del Farabundo Martí para la Liberación Nacional –FMLN–, la ex guerrilla que estuvo a punto de tomar el poder por la vía armada en algún momento, puede ayudar a avanzar en la organización popular y en la construcción de nuevos niveles de conciencia. De hecho tienen la presidencia, aunque eso no es tener el poder, pero de todos modos esa coyuntura puede servir para hacer crecer la organización popular, y seguramente deberán hacer su división entre partido y gobierno.

El caso de Venezuela impone que se avance en la organización popular desde abajo para que sea la misma gente la que defienda el proyecto bolivariano actual, y lo haga profundizar. No hay dudas que el proceso actual ha traído beneficios a grandes masas populares, pero todo el proyecto tiene debilidades, como por ejemplo estar centrado casi exclusivamente en la figura de un líder, que sin dudas es tremendamente carismático, pero que solo no puede construir si no se apoya en un verdadero partido revolucionario de base y en una organización popular genuina. Sin dudas allí están habiendo cambios importantes; hay una transformación en marcha, quizá no una revolución, pero sí un proceso de cambios populares, por eso Venezuela está en la mira de la Colombia guerrerista de Uribe, y por supuesto, en la estrategia imperial de Estados Unidos.

Por su parte Brasil y Uruguay, con pasos tibios no confrontativos, abren expectativas. Pero ahí no hay procesos populares fuertes. No conozco mayormente como para opinar, sin embargo veo que hay esperanzas de parte de la gente.

Creo que en cualquiera de nuestros países latinoamericanos el elemento que puede hacer decidir nuevamente a la gente retomar las armas para intentar cambiar las cosas buscando mayor justicia, es el nivel de conciencia y organización. En Guatemala he escuchado de pequeños grupos que hablan de retomar las armas. Nosotros, años atrás aquí en Guatemala, tuvimos dos referentes muy importantes para decidirnos por la lucha armada: uno fue la Revolución Cubana, y el otro la lucha de Vietnam. Eso influyó no sólo desde el punto de vista ideológico sino también desde la estrategia y la táctica de la organización militar. Esos fueron los referentes en el exterior. Por otro lado en lo interno, habíamos gozado de una revolución democrático-burguesa de diez años de duración, entre 1944 y 1954, con Juan José Arévalo y luego Jacobo Arbenz a la cabeza, que trajo una serie de transformaciones positivas en prácticamente todos los aspectos de la vida guatemalteca: lo económico, lo social, lo político, lo organizativo, lo cultural. Todo eso ayudó a forjar una conciencia democrática en amplios sectores de la sociedad guatemalteca, que incluso se tenía a sí misma por revolucionaria. Eso fue una gran base que ayudó a que, luego, a partir de esa conciencia, surgiera el movimiento revolucionario armado. Cuba y Vietnam influyeron, sin dudas, pero también fue muy importante todo este movilización que se había dado en lo interno de nuestra sociedad, porque apenas unos años después del golpe militar de 1954 con la ayuda estadounidense que terminó con la presidencia de Arbenz y todo el proceso de cambios que se venía dando, ya aparece el movimiento armado. Había un campesinado que conoció la reforma agraria y luego fue golpeado muy duramente, había una juventud motivada para seguir profundizando los cambios que se venían dando unos años atrás, y todo eso hizo posible la idea de tomar las armas para recuperar lo que se estaba perdiendo con el golpe militar.

Argenpress: No hay dudas que, luego de estas décadas de represión feroz, a lo que se suma el empobrecimiento por los planes neoliberales, los pueblos han quedado desorganizados, incluso desideologizados. A ello se suma, como un elemento negativo más en contra de la lucha popular, el nivel tecnológico que han alcanzado las fuerzas armadas del sistema. ¿Es posible hoy, ante todo ese monstruoso aparato militar, ante esa disparidad técnica tan enorme, sumada a la desorganización imperante, pensar como viable una propuesta de lucha armada?

Comandante Lola: La disparidad técnica en el campo militar no es el factor determinante para la lucha popular. Si pensamos en una genuina propuesta de lucha popular, de guerra revolucionaria de base, por experiencia propia te puedo asegurar que la técnica tiene sus límites, no es todo. Se topa con la inteligencia, con la capacidad y la participación de la gente. El ejército de Guatemala sin dudas fue una fuerza altamente capacitada en lo técnico, pero en su lucha anti-guerrillera en términos militares se topó, se enfrentó con un límite en forma rotunda. Pese a toda su preparación técnico-profesional, se topó contra nuevas formas de resistencia popular basadas en la inteligencia, en la capacidad de respuesta creativa del movimiento guerrillero. Tan es así esto que lo que determinó la llegada a la firma de la paz, aunque esto el Estado y mucho menos el ejército no lo reconocen en forma pública, no fue el factor político sino el militar. La desmoralización a la que llegó el ejército en la lucha armada fue el factor clave. Esa es la versión no dicha de los hechos; militarmente se llegó a un punto donde, pese a todo su enorme aparato y su preparación, el ejército no podía derrotar al movimiento guerrillero, y eso lo fue minando.

Argenpress: Esto viene a demostrar que una guerra no se gana sólo con el aparato militar sino que también necesita el apoyo popular, que pasa a ser un factor clave. Para muestra: Vietnam, o lo que ahora está sucediendo en Irak.

Comandante Lola: Por supuesto. Ahí está la clave. Es importante destacar que nosotros, como movimiento revolucionario, sin dudas sufrimos los efectos de lo que sucedió en Europa del Este con la caída de ese modelo de socialismo. No éramos inmunes a esas consecuencias, definitivamente, y todo eso tuvo efectos muy fuertes, como también los tuvo en Cuba y en todos los movimientos revolucionarios del continente. Pero de todos modos, luego de ese golpe asistimos al nacimiento de nuevos movimientos populares, como los sin tierra en Brasil, o los piqueteros en Argentina, o los movimientos indígenas en Bolivia y Ecuador; todo lo cual deja ver que, de algún modo, se están gestando nuevas condiciones para la lucha popular. La pobreza puede adormecer, porque te lleva a pensar con desesperación sólo en el día siguiente, pero también te puede llevar a pensar con perspectiva de mayor futuro, y te pone en marcha para una lucha con más visión, a más largo plazo. La página nunca está cerrada. Todo ese descontento, esa injusticia que se vive día a día, sigue poniendo en pie de lucha a los pueblos; y ahí están los movimientos que luchan por el poder local, en los municipios, en las aldeas, todo lo cual va creando un entramado de certidumbre que permite ver a la gente que si se organiza, que si lucha por las reivindicaciones de un pequeño lugar, se pueden tener logros concretos. Y eso, sin dudas, tiene un efecto multiplicador en términos políticos. Sería incorrecto, sería ignorar el curso de la historia no reconocer que los pueblos tienen momentos de retrocesos, de derrotas. Recientemente hemos pasado momentos muy difíciles, de derrotas populares grandes. Aquí en Guatemala se llegó a los Acuerdos de Paz, que son un instrumento interesante para plantear modificaciones en lo social, sin dudas, pero no fueron cumplidos posteriormente. Si bien es cierto que se cumplieron algunos puntos concretos en lo que tiene que ver con la desmovilización y el final de la guerra, en lo económico y social no se avanzó ni un milímetro. Se avanzó en algunos aspectos puntuales, como el relativo mayor protagonismo que ahora tienen los pueblos indígenas, sin dejar de destacar la cooptación de que son objeto muchos de sus líderes. Pese a todo, también se han ido haciendo cosas. Un pueblo tan golpeado como el de Guatemala, con 250.000 muertos, y creo que eso vale también para cualquier parte de Latinoamérica, no se puede rehacer para la lucha si no pasa un cierto tiempo hasta que se den nuevamente condiciones. La juventud actual definitivamente está influida por este individualismo tan grande que se ha forjado estos últimos años, por la competitividad. Todo apunta a eso actualmente, la salida individual, el desentenderse de los problemas colectivos. Pero pese a todo ello, no deja de haber movimientos juveniles críticos. Y también sigue habiendo movimientos sociales con nuevas propuestas alternativas. Claro que, en muchos casos, todo ese potencial se va viendo cooptado por un discurso condicionado por la cooperación internacional y por todo ese amplio abanico de ONG’s, que obligan a seguir una determinada agenda, lo “políticamente correcto” como suele decirse. Pero más allá de eso sigue estando la pobreza, el hambre, y como otro elemento muy importante en toda América Latina que también sirve para inmovilizar, está el problema de la violencia. Nada de lo relacionado con esta ola de violencia que vemos en cualquiera de nuestros países es azaroso, casual; eso tiene algo ahí atrás que maneja los hilos, hay una direccionalidad en estos hilos invisibles que nos amarran. Eso, desde los poderes, sirve para crear un estado de terror en la gente, que se utiliza para inmovilizarla, para quitarle la libertad de andar tranquila por la calle. Junto a eso tenemos un nuevo elemento en todo el panorama social que es el narcotráfico. Eso es algo nuevo, que anteriormente no existía y que de pronto hace su entrada casi al mismo tiempo en todos nuestros países. Lo curioso es la fuerza que este fenómeno ha tomado en sociedades que no son consumidoras de drogas. Por eso es importante observar a dónde nos lleva esto, porque sin dudas tiene consecuencias, y muy grandes por cierto, en el tejido social. Todo esto sirve para controlar, para desmovilizar, para detener procesos sociales.

Argenpress: Es decir que, luego de los procesos militares que vivimos en los distintos países latinoamericanos, ahora se nos tiene maniatados con todos estos hilos invisibles que mencionabas: la delincuencia común que crece, el narcotráfico, los nuevos mecanismos de terror. Sin dudas, estamos desmovilizados. ¿Cómo se logra nuevamente la movilización entonces?

Comandante Lola: En general le tengo desconfianza a estos procesos democráticos que estamos viviendo. En Guatemala, no sabría precisarlo para otros países, descarto la toma del poder por vía electoral. Pero sí le tengo confianza a la lucha electoral para temas relacionados a poder local. Ahí sí le apuesto mucho, y de hecho lo podemos constatar con los lugares donde ganamos electoralmente. Ahí se puede hacer mucho, tanto en lo relacionado con organización de la gente como con aspectos vinculados a infraestructura social. Todo eso sirve para ir construyendo cohesión social, para organizar en definitiva. Si lo que los poderes buscan es dividir, en muchos casos incluso a través de las ONG’s, también es posible construir en sentido contrario, sumando en vez de dividiendo. Esa es una rica experiencia de los procesos locales donde hemos participado electoralmente, donde se demuestra que sí se puede avanzar a ese nivel, entregando cuentas cabales, siendo transparentes en la ejecución de la obra pública. Hay experiencias muy bonitas en ese sentido, reducidas por cierto, pero esperanzadoras.

Argenpress: O sea que de lo que se trata es del trabajo de base, trabajo de hormiga, de organización casa por casa prácticamente. ¿Y no es eso lo que, a su modo, hacen las actuales iglesias evangélicas, extendidas por toda Latinoamérica?

Comandante Lola: Sí, por supuesto. Ante una organización popular fuerte, como hubo décadas atrás, viene esta estrategia de las iglesias evangélicas, de las que hay miles por todos lados, en cada comunidad rural, en cada barrio en las ciudades. No hay dudas que son, en definitiva, una estrategia de control social. En ese sentido, visto desde la lógica de los poderes, es una estrategia exitosa. Pero al lado de ese mecanismo de control, efectivo hasta cierto punto, sigue estando la pobreza. Por eso la historia hay que verla en términos amplios, considerando no sólo el aquí y ahora concreto, sino con una mirada de más largo plazo. Décadas atrás vivimos momentos de auge social, de auge en las luchas populares y sociales que van desde la descolonización de parte del África y de Asia, el triunfo en Vietnam, movimientos fuertes en América Latina, la Revolución Cubana, luego vimos la caída de parte de todos esos sueños con los procesos de hundimiento del socialismo en Europa del Este, y luego vimos el resurgir de numerosos movimientos sociales, y hoy por hoy estamos en un momento de puntos suspensivos, de observar y esperar mientras se trabaja en la creación de conciencia y de organización de base. Eso hace que luego surjan nuevos liderazgos, necesidades, y por tanto demandas. Es decir: están abiertas las páginas de la historia. Y los movimientos armados juegan el papel de catalizadores de procesos sociales cuando así lo exige la situación. Por ejemplo en el caso de los países centroamericanos, en Guatemala, El Salvador y Nicaragua, la determinación de iniciar un movimiento armado obedeció a situaciones concretas, teniendo posteriormente un gran respaldo popular. En Guatemala, por ejemplo, en un momento en que aquí había una población de siete millones a nivel nacional, alrededor de un millón estaba involucrada con el movimiento revolucionario de una u otra manera. Fueron movimientos con enorme respaldo popular, en cualquiera de estos países, por eso se fortalecieron, crecieron y llegaron a ser una verdadera opción de poder popular. Aunque hoy día esos procesos están golpeados, no están terminados.

Argenpress: Sin dudas, los movimientos populares en Latinoamérica están bastante golpeados. ¿Cómo se podrán poner de nuevo en pie de lucha?

Comandante Lola: Hoy día nos han golpeado, pero la historia no está terminada. América Latina sigue siendo una región con gran movimiento, con la mayor agitación. Tan agitado, que ahí está el caso de Honduras, por ejemplo. Honduras representa quizá el lugar más débil en la región, con mayor presencia de Estados Unidos desde toda la historia con su gran base militar, y que fue elegida para dar el ejemplo a Guatemala y a El Salvador de hasta dónde se puede llegar. Lo cual se complementa con las bases militares en Colombia, que representan una amenaza tremenda, y no sólo para Colombia. Y pese a todo eso, ahí está el movimiento revolucionario en Colombia, golpeado, pero en un proceso de sanar heridas y de fortalecimiento.

Los movimientos de resistencia siguen estando, sin dudas, con otras características y no sólo como movimientos armados. Pueden tomar nuevas formas, como decíamos hace un momento: los movimientos indígenas, campesinos, los movimientos de desocupados, pueden ser insurrecciones populares, movimientos locales. No sabemos bien cómo, de qué manera, pero en algún momento las poblaciones van a explotar, porque dentro de los límites del sistema y con estos gobiernos no hay salida. Eso está más que demostrado: no hay salida. Y la salida hay que buscarla de alguna manera. Un ejemplo aleccionador, muy bonito en relación a la organización popular y la resistencia, es el que tenemos en Guatemala con la lucha contra la minería. Eso representa la defensa de los propios recursos nacionales por parte de la población en forma organizada. Hay algo muy importante en términos de creación de futura conciencia para lo que se pueda ir dando en un futuro: en muchos de nuestros países latinoamericanos, las luchas no son hoy contra los terratenientes dedicados a la agricultura de exportación dueños de vastas extensiones sino que nuestras burguesías están, cada vez más, insertas en el mundo global, por lo que aparecen nuevos campos de conflictos ligados a esa globalización, y hoy por hoy, uno de los elementos más problemáticos viene dado por la lucha de las poblaciones que está confinada a territorios olvidados donde se encuentran los recursos que ese mercado global va necesitando cada vez con más voracidad: el petróleo, los minerales estratégicos, el agua dulce, la biodiversidad de las selvas tropicales. Es decir que hoy aparecen nuevos campos de lucha que ponen en marcha los procesos de levantamiento popular: la defensa de los recursos naturales, del agua, de los bosques. Ha habido cambios en relación a décadas atrás en cuanto a qué es lo que se está defendiendo, y la forma en que se hace. Lo importante es determinar quiénes son hoy día los actores de esas luchas, de esas rebeliones, tomando las características que sean. Quizá no serán movimientos armados con la forma de guerrillas que se dieron años atrás, pero seguramente irán apareciendo nuevas formas.

Argenpress: Pese a ese retroceso en la lucha popular en todo nuestro continente, se mantienen aún los movimientos revolucionarios armados en Colombia (con dos fuerzas operativas) y en Chiapas, en el sur de México. ¿Qué perspectivas les ves hoy a esas propuestas?

Comandante Lola: Es difícil decirlo. Los zapatistas han mantenido un silencio en los últimos tiempos que no permite saber exactamente qué están haciendo. Es importante destacar de ellos que de una lucha y una reivindicación regional se irradiaron a nivel nacional transmitiendo elementos de rebeldía y de construcción de una conciencia ciudadana que antes no había en México. No está claro que harán en el futuro.

En cuanto a Colombia, después de los golpes recibidos últimamente, que fueron fuertes, tengo entendido que están en un momento de espera y de fortalecimiento interno. El presidente Uribe, con toda su maquinara bélica durante dos períodos presidenciales, y ahora quizá un tercero, no logró derrotar al movimiento revolucionario. Colombia es una sociedad atravesada por el narcotráfico a todos los niveles, lo que descompone mucho la opción revolucionaria, y en medio de ese escenario tengo entendido que ahora el movimiento revolucionario está buscando su incidencia en el ámbito ciudadano.

Argenpress: De lo que se trata, entonces, es de ir fomentando la organización popular desde abajo. Esa es la clave, definitivamente. Lo cual lleva a esta pregunta: ¿es posible construir alternativas reales de cambio sin tener el poder político? Te lo pregunto porque hoy día ha aparecido esta formulación de “cambiar el mundo sin tomar el poder”. ¿Es posible eso?

Comandante Lola: Es muy complejo esto. Tomar el poder político es indispensable, es decisivo. Hay que tomarlo y mantenerlo, creando reglas nuevas, dado que no podemos atenernos a las actuales reglas de estas llamadas democracias, que no permiten ningún cambio real. El poder político es definitorio para hacer esas transformaciones necesarias. Si no se construye el poder político desde abajo, y también desde los cuadros medios, que son los que mueven todo el aparato de Estado, no se puede plantear ningún cambio social real. En ese sentido, veamos ahora qué se puede construir de verdad en El Salvador. Muy probablemente ahí no se tome el poder económico, sino que apenas se podrá tener el poder político, y siempre en forma relativa. Es probable, incluso, que no se toque al poder económico, pero se pueden ir construyendo nuevas condiciones en la base, y esa es la potencialidad del actual proceso. Lo electoral es importante, pero no es el punto de llegada; eso sirve para seguir ganando posiciones políticas desde abajo. Esa podría ser la estrategia del FMLN: aprovechar el relativo poder político de que dispone ahora para acumular fuerzas desde abajo para etapas posteriores.

Lo mismo podríamos decir del caso venezolano. Allí el actual poder político dispone de enormes recursos económicos que le permiten hacer mucho, pero para generar una verdadera transformación social profunda y sostenible se necesitan construir los instrumentos políticos que lo permitan, en este caso: un partido de base con organización popular sólida.

Foto: Guatemala - Alba Estela Maldonado (comandante Lola), fundadora del Ejército Guerrillero de los Pobres (EGP). / Autor: GRANMA

lunes, 14 de diciembre de 2009

Agente de la CIA capturado en Cuba : Ultima hora


Última Hora: Agente de la CIA capturado en Cuba

Funcionario de una empresa fachada de la CIA que financia la desestabilización en Venezuela fue detenido en Cuba mientras repartía recursos a la contrarrevolución


Por Eva Golinger



Un artículo publicado el sábado 12 de diciembre de 2009 en el New York Times reveló que un contratista del gobierno de Estados Unidos fue detenido en la Habana el 5 de diciembre pasado mientras repartía teléfonos celulares, computadoras y otros equipos de comunicación a grupos de la contrarrevolución. El funcionario, cuyo nombre aún no se ha hecho público, trabaja para la empresa estadounidense Development Alternatives, Inc. (DAI), uno de los grandes contratistas del Departamento de Estado, el Pentágono y la Agencia Internacional del Desarrollo de Estados Unidos (USAID).

El año pasado, el Congreso de Estados Unidos aprobó 40 millones de dólares para ³promover la transición a la democracia² en Cuba. DAI fue otorgado el contrato principal, el ³Programa de Democracia en Cuba y Planificación de Contigencia², que además autorizaba el empleo de subcontratistas supervisados por la empresa DAI. El uso de una cadena de organismos es un mecanismo que emplea la Agencia Central de Inteligencia (CIA) para canalizar y filtrar fondos y apoyo político y estratégico a grupos y personas que promueven su agenda en el exterior.

DAI EN VENEZUELA

DAI fue contratado en junio 2002 por la USAID para manejar un contrato multimillonario en Venezuela, justamente dos meses después del fracaso del golpe de Estado contra el Presidente Hugo Chávez. Previo a esa fecha, la USAID no operaba en Venezuela, ni mantenía oficinas en el país. DAI fue encargado de abrir la Oficina para las Iniciativas hacia una Transición (OTI, por sus siglas en inglés), un brazo especializado de la USAID encargado de distribuir fondos multimillonarios a organizaciones favorables a los intereses de Washington en países estratégicamente importantes que transitan por una crisis política.

El primer contrato entre la USAID y la DAI para sus operaciones en Venezuela autorizaba el uso de 10 millones de dólares por un periódo de dos años. DAI abrió sus puertas en el sector financiero de Caracas, El Rosal, en agosto de 2002, y comenzó inmediatamente a financiar los grupos que apenás hace meses habían ejecutado ­ sin éxito ­ el golpe de Estado contra el Presidente Chávez. Los fondos de la USAID/DAI en Venezuela fueron repartidos durante ese primer año a organizaciones como Fedecámaras y la Confederación de Trabajadores Venezolanos (CTV), dos de los principales grupos que ejecutaron el golpe en abril 2002 y que luego encabezaron un sabotaje económico, paro petrolero y guerra mediática con el propósito de derrocar al gobierno venezolano. Un contrato entre la DAI y éstas organizaciones, de fecha diciembre 2002, otorgaba más de 10 mil dólares para el diseño de propaganda en radio y televisión a favor de la Coordinadora Democrática, la coalición de las fuerzas opositoras contra el Presidente Chávez.

En febrero 2003, la DAI comenzó a financiar a un grupo recién creado de nombre Súmate, liderada por Maria Corina Machado, quien fue una de las firmantes del ³Decreto Carmona², el famoso decreto que disolvió todas las instituciones democráticas de Venezuela ­ desde la Asamblea Nacional, el poder Ejecutivo y el Tribunal Supremo de Justicia, entre otras ­ durante el golpe de Estado de abril 2002. Súmate luego se convertió en el principal organismo de la oposición que diseñaba y coordinaba las campañas electorales, incluyendo el referendo revocatorio contra el Presidente Chávez en agosto 2004. Los tres principales organismos de Washington que operaban en Venezuela en aquel momento, la USAID, DAI y el National Endowment for Democracy (³NED²), invertieron más de 9 millones de dólares en la campaña de la oposición durante ese referéndo, sin éxito.

La USAID en Venezuela, que aún mantiene su principal presencia a través de la OTI y la DAI, tenía previsto una estadía de no más de dos años en el país. El entonces jefe de la OTI en Venezuela, Ronald Ulrich, afirmó públicamente al comenzar sus labores en agosto 2002 que ³Este programa se habrá terminado en dos años, como ha sucedido con iniciativas similares en otros países; la oficina se cerrará transcurrido ese periódo de tiempo². Técnicamente, las OTI son equipos de respuesta rápida de la USAID, equipados con fondos líquidos de altas cantidades y un personel especializado para ³resolver una crísis² de manera favorable a Washington. En el documento mediante el cual se estableció la operación de la OTI en Venezuela, se explicaba claramente los objetivos, ³En los últimos meses, su popularidad ha decrecido y las tensiones políticas se han incrementado dramáticamente, ya que el presidente Chávez ha puesto en práctica varias reformas controvertidasŠLa situación actual apunta fuertemente a una participación rápida del gobierno de Estados Unidosв

Hasta la fecha, la OTI aún permanence en Venezuela, con la DAI como su principal contratista, pero ahora con cuatro entidades más que comparten la torta multimillonaria de la USAID en Caracas: el Instituto Republicano Internacional (IRI), el Instituto Demócrata Nacional (NDI), Freedom House, y la PanAmerican Development Foundation (PADF). De los 64 grupos que financiaban en el 2004 con 5 millones de dólares anuales, hoy financian más de 533 organizaciones, partidos políticas, programas y proyectos de la oposición con un presupuesto por encima de los 7 millones de dólares anuales. Su presencia no solamente ha permanencido en el país, también ha crecido. Obviamente esto se debe a una razón muy sencilla: aún no han logrado su objetivo original, que es derrocar al gobierno de Hugo Chávez.

DEVELOPMENT ALTERNATIVES INC. ES UNA FACHADA DE LA CIA

Ahora aparece en Cuba este organismo de la desestabilización, con fondos multimillonarios destinados a la destrucción de la Revolución Cubana. El antiguo funcionario de la CIA, Phillip Agee, afirmó que la DAI, tanto como la USAID y la NED, ³Son instrumentos de la embajada de Estados Unidos y detrás de esas tres organizaciones está la CIA². De hecho, el contrato de la USAID con la DAI en Venezuela decía específicamente que ³El representante local mantendrá una estrecha colaboración con los funcionarios de la embajada para identificar oportunidades, seleccionar colaboradores y garantizar que el programa mantenga su coherencia con la política exterior de Estados Unidos.² No deja duda sobre su trabajo de captación de agentes al servicio de los intereses de Washington, ni que su presencia y sus actividades son directamente coordinadas por la embajada de Washington.

La detención del funcionario de la DAI es un paso muy importante para frenar las acciones de desestabilización dentro de Cuba, dirigidas por Washington. También comprueba que no hay cambio ninguno con la administración de Barack Obama en cuanto a la política de Washington contra Cuba ­ siguen empleando y utilizando las mismas tácticas de espionaje, infiltración y subversión como en los años anteriores.

VENEZUELA TAMBIÉN DEBE EXPULSAR LA DAI DEL PAÍS

Ahora que Cuba se ha puesto al descubierto el trabajo de inteligencia (captación de agentes, infiltración en los grupos políticos y entrega de recursos para promover la desestabilización ­ son actividades de inteligencia) que realizaba la DAI en la isla caribeña, el gobierno de Venezuela debe responder de manera contundente para sacudir de su país esta grave amenaza interna, que durante siete años y media ha alimentado con más de 50 millones de dólares a la desestabilización y la oposición interna.

No es por más comentar que en Estados Unidos hay cinco ciudadanos cubanos presos por supuestos actos de espionaje, aunque sus acciones no atentaban contra los intereses estadounidenses. Al contrario, el funcionario detenido de la DAI ­ una fachada de la CIA ­ sí estaba atentando contra los intereses de Cuba, promoviendo la desestabilización interna y repartiendo ­ de forma ilegal ­ materiales y recursos de Washington que estaban destinados a alimentar un conflicto que provocaría ³una transición política² favorable a la agenda de Estados Unidos.

Development Alternatives, Inc. es uno de los contratistas de Washington más grandes del mundo. Actualmente tiene un contrato de 50 millones de dólares en Afganistán. En América Latina, opera en Bolivia, Brasil, Colombia, Cuba, Ecuador, El Salvador, Guatemala, Haití, Honduras, México, Nicaragua, Perú, República Dominicana y Venezuela.

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